El nuevo Macarthismo de la derechona y sus serviles medios de comunicación

El globo mediatico-1 copia

              (Un ruego previo: buscad, hallad y publicad todo chistecillo racista, machista                                                                                 o despreciativo de los peperos)

Parece que a partir de estas últimas elecciones municipales y autonómicas, ya no podrán presentarse y ejercer cargo público los cómicos, payasos, chistosos, monologuistas y demás gente, sea profesional de la farándula o sólo aficionada, si han contado, suscrito -entrecomillados o no, chistes de moros, negros, catalanes, judíos, maricas, vascos, andaluces, o cualquier símbolo patrio, aunque cometieran tales abominables actos previamente a su actividad política, asunción de cargo público o representación de lo que sea.
Hoy tenemos a todos los equipos de los partidos derechones y a sus periodistas de “investigación” rebuscando en la correspondencia juvenil -o infantil si la hubiera- de todo aquel que haya mostrado simpatía con Podemos o cualquiera de sus marcas municipales. El material así hallado se pone en manos de los tertulianos de las diversas tv’s y de los redactores de su prensa servil para que aumenten la eficacia de los profesionales de los ventiladores de la mierda y la exageración.
Los seguidores y aduladores de tipos que andan metidos en la corrupción hasta el cuello, con muchos amiguitos ex altos cargos políticos -desde presidentes de comunidades autónomas como Mata a exministros y altísimos cargos autonómicos y municipales- de vacaciones en Soto del Real, se escandalizan y agitan con aspavientos dignos de monjas de clausura viendo una peli de nacho vidal, por los chistes -de mal gusto a veces, hay que admitirlo, aunque ¿ya me dirán uds cuántos chistes son de buen gusto?- hallados en la hemeroteca de los tuits olvidados.
Aquellos que babean de admiración por el ínclito presidente de los SMS en plan “sé fuerte Luis” a un corrupto al que acababan de pillar con 28 (luego fueron más) millones de euros robados a los españoles y depositados en Suiza, ahora se escandalizan y montan portadas de abc’s y razones con la efigie del ex chistoso que osó chistear con tal mal gusto, clamando por la limpieza y la calidad democrática. Esa calidad que ellos se han pasado años “engrasando” con campañas electorales manipuladas con el dinero han robado a los ciudadanos (eso, si se hace discretamente, parece que no es de mal gusto para nuestra derecha, ni merece dimisión ni escándalo de nadie)
Ya se veía venir con las campañas contra Venezuela que, a todas luces, no eran más que campañas para difamar a Podemos. Cuatro datos cogidos con pinzas sobre algunos de sus dirigentes -a quienes no han hallado ninguna ilegalidad, ni están en investigación de corrupción- han servido para que los medios de comunicación mantuvieran -y todavía mantienen- una campaña continuada de difamación y exageración.
Y es, precisamente, en la exageración donde se les ve el plumero a estos plumíferos: mientras obvian o quitan importancia al mayor expolio que ha sufrido el pueblo español, mientras miran a otra parte cuando la política de los corruptos (que les pagan) ha dejado a un tercio de los españoles en la pobreza, a 2.800.000 niños (¡dios, pero no tienen vergüenza estos que se llaman periodistas!) en la exclusión y la miseria, montan un pollo de cuidado porque alguien hizo un chiste de gusto dudoso hace cuatro años o le tocó hacer una legal complementaria a Hacienda.
Esos tipos son culpables de indignidad porque saben perfectamente que eso es instrumentalizar el medio a favor de sus amos.
He de confesar que cada día siento más asco por toda esta colla de “periodistas” -muchos de ellos con fichas astronómicas en euros- que tienen tan vendida el alma al capital que les paga que ya nada les importa ser el instrumento de la miseria y la explotación, ser los justificadores de los corruptos con técnicas burdas -pero muy efectivas, como ellos saben perfectamente- para desviar la mirada del espectador de lo verdaderamente importante hacia lo trivial y confundir los términos para adulterar la vara de medir el hedor.
“SE FUERTE, LUIS” le escribía SMS Rajoy a Bárcenas, cuando ya sabía perfectamente que le habían pillado con los dineros en Suiza. ¿Acaso no era esa complicidad con la corrupción un insulto a la ciudadanía y digna de la dimisión de este hombre? ¿Se les ocurre a ustedes algo más soez? ¿Cómo se puede convivir con tamaña vergüenza y luego ir de pureta por la vida, solicitando dimisiones por tirar el envoltorio de una chocolatina al suelo a cualquiera de la oposición? ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza -y me refiero a esos tertulianos y sus directores y guionistas- para colaborar en el totus revolutum que sólo beneficia a los mayores criminales? ¿Cómo puede dormir tranquilo alguien que se dedica a confundir a la ciudadanía para que yerre el tiro cuando busca al explotador y al corrupto para recuperar la esperanza? No, no tienen vergüenza estos tipos que van vomitando moralina por las pantallas de plasma, mientras cobran de los criminales con la mano que no vemos.
Sobre estas cuestiones venía preguntándome yo hice tiempo. Pero, parece que nos quedaba por ver lo peor, lo más mezquino y cursi: la búsqueda de tuits y post (mierda de inglés) de hace años con la intención de montar persecuciones políticas, ejecuciones en la plaza pública, inquisiciones generales que excusan la corrupción y el crimen mafioso mientras encienden hogueras para que ardan los -supuestos- mal hablados.
Pues yo digo que ahora toca, a quines han llegado al poder con el mandato real de regenerar la vida pública de una vez, ser fuertes. No Luis, sino “Carmela, Ada, amigos, sed fuertes”; eso es lo que debemos pedirles desde ya: que no cedan a la presión de los medios oligárquicos (incluida la sexta torticera, ¡por dios!) para provocar el desequilibrio y poner palos en las ruedas de su gestión. No acepto la dimisión ni el cese de nadie que no sea por cosas que no haya cometido en el desempeño de su cargo político. Pertenecen al ámbito privado; porque en caso contrario…
Porque si aceptamos eso, digo, estaremos aceptando que los señores de la derecha más rancia de Europa digan quien puede y quien no presentarse y optar a un cargo político. Porque si les seguimos el juego, ellos deciden quien tiene derechos políticos (pues cuando la indignidad afecta a los suyos, esas reglas no valen y su prensa pasa de puntillas sobre ellas).
Porque si les dejamos, resulta que no podrán presentarse a las elecciones quienes hayan hecho un chiste de mal gusto, ni los cómicos, ni los payasos, ni los monologuistas, ni los escribidores revolucionarios, ni los intelectuales ni los trabajadores… si no son de su cuerda.
Insisto: “Carmela, Ada, Srs. de Podemos, sed fuertes…” y a tomar viento las campañas de los periodistas vendidos de la derechona. Algún día llegará que los medios de comunicación dejen de ser un oligopolio rancio y malintencionado. Antes que dimita uno de los vuestros por haber tuiteado hace cuatro años un mal chiste, que dimita Rajoy por cartearse SMS con Bárcenas, que dimita la Esperanza por ser la que nombró a la Púnica en pleno, que dimita todo el PP por y tener a todos sus tesoreros desde e1984 metidos en corrupción hasta el cuello para adulterar las elecciones con dineros robados al pueblo español. Luego sus cargos, así obtenidos, son ilegítimos a todas luces (aunque de esa obviedad, nuestros tertulianos no hablan, claro)
Y una petición, que espero que prospere: buscad, amigos míos, tuits, sms, o declaraciones racistas, machistas o despreciativas de los Dirigentes del Partido Popular en los últimos años. ¡Veréis cuántas encontráis! PUES, OS LO RUEGO: ¡PUBLICADLAS! REPETIDLAS EN TODOS LOS MEDIOS, AQUÍ, EN FACEBÓOK, EN FOTOCOPIAS DE VUESTRA OFICINA, EN YOU TUBE, EN TODAS PARTES. ¡PONEDLES ANTE SU PROPIA VERGÜENZA: PORQUE A RACISTAS NO LES GANA NADIE: ELLOS LOS SON DE CORAZÓN Y TRADICIÓN!
HALLADLAS Y PUBLICADLAS, AMIGOS MÍOS.
LLENAD EL ESPACIO VIRTUAL Y EL REAL CON FOTOCOPIAS (el papel tiene más poder del que parece cuando se cuelga en el tablón de anuncios, en el bar, en la plaza pública)
HACEDLO, POR LA DIGNIDAD DE TODOS.

Los Felipes o el Clan del Ridículo

El clan del rídiculo1Muy mal deben andar los sondeos de la Casa Real para que se hayan montado el show del “te quito el título de duquesa” entre el Rey Felipe y la Infanta, su hermana. Cabe pensar que es un acto reflejo ante los resultados de las recientes elecciones: no es preciso un sondeo, viendo los resultados del Podemos y el resto de la izquierda, que en este país hay cada día menos monárquicos. No debe quedar ni uno en la izquierda (incluidos los votantes del Psoe, no sus líderes) y en la derecha liberal ya se sabe que la cosa va dividida si se habla del mantenimiento de la monarquía. Los esfuerzos de los medios, tanto en el plasma que señorea los salones y comedores de los hogares españoles como en las cuatro malas letras de los periodistas de la casta (desde El País al ABC), para disimular el desprestigio de la monarquía y la, cada día, mayor desafección de los españoles por la monarquía de los Borbones, palidecen ante los resultados electorales, única encuesta que uno se puede tomar medio en serio en este país de trileros. En definitiva, la realidad es que los republicanos son mayoría y que si se dejase votar al pueblo, con libertad, sin amenazas y con campaña electoral limpia, sobre si quieren que la familia de los Borbones siga rigiendo nuestras vidas al módico coste económico conocido de 8 millones anuales y al coste ético y moral de asumir que hay un español que está por encima de la ley y de todos los demás, el resultado de la votación sería NO. Los españoles son mayoritariamente republicanos. Aunque sean republicanos amordazados, a quienes ni se abre la puerta en los mass media oligárquicos, tanto todas las TV’s -públicas o privadas, tanto da- como en la prensa nacional y sus grandes grupos de presión.
Pero volvamos al paripé de estos días. ¡Vaya culebrón nos están montando! Ahora resulta que la Infantita dice que no la han echado, si no que es ella la que, muy dignamente, se ha ido. Y exhibe una carta de renuncia anterior a la decisión real. Parece que anda a la greña el Felipin con su hermana. ¿Es eso creíble? Pues más parece una táctica publicitaria que nos cuenta un relato para que quede claro que el Rey Felipe se lleva fatal con su hermana. Y, como su hermana es la imagen de la Corrupción, la respuesta que se busca en el espectador -todos nosotros- es que el Rey anda a la greña con la Corrupción y ésta se resiste marrulleramente enseñando la privada correspondencia. Un relato, poco más. Poco o nada creíble: estos tíos no dejan cabos sueltos; al menos no tan gruesos como cartas manuscritas que se puedan exhibir públicamente. No, la cartita y la “rebelión” de la infantita ya estaban en el guión, no lo duden ustedes.
La monarquía cae en el pozo del desprestigio, entre otras cosas, porque el pueblo intuye que la monstruosa corrupción que nos ha llevado a la miseria ha podido crecer como la hiedra gracias al paraguas de los Borbones. ¿Se puede esperar algo de una dinastía que tuvo a Fernando VII como líder en el siglo XIX? ¡Vaya genes, oigan! A la vista de todos está la degeneración mal disimulada de Juan Carlos, el sucesor en la Jefatura del Estado nombrado por Francisco Franco en el 67, a pesar de los esfuerzos realizados para moderar la crueldad de los chistes que sobre él hacía el pueblo y disimularlos “cariñosamente” en los medios de comunicación. Posiblemente el maridaje con la periodista pretendía que entrase algo de aire limpio en la sala corrupta de los mefíticos genes borbónicos. Quien sabe…
Pero el resultado del paripé es el ridículo. Felipe hace el ridículo tomando como enemiga a su hermana, pretendiendo alejarse de su propia sangre, desmentido por su madre que se chotea a las puertas suizas del hogar de la Infanta (siempre Suiza). Felipe hace el ridículo, entre otras cosas, porque el gesto, además de innecesario, es sobreactuado. Como si un elefante quisiera convencernos de su ligereza dándole un pisotón a una hormiga: un contrasentido. O se es Rey, o se es un villano: y Felipe ha escogido lo segundo.
Felipe hace el ridículo, digo, también porque su gesto hacía su hermana carece de ejemplaridad (que es precisamente lo que busca). Y carece de ejemplaridad porque, en caso de ser cierta su intención, no sería más que el acto de un déspota que, además, niega lo que su padre otorgó. Carece de ejemplaridad porque es el acto de un abusón: el puede hacer lo que le venga en gana, ¡para algo es el rey! El poder absoluto, mal disimulado, de la Jefatura del Estado que nos dejó Franco se muestra en estos actos excepcionales: ¿acaso alguien ha olvidado que en el 81 el Golpe de Estado Militar sólo se retiró cuando lo ordenó Juan Carlos? Si eso no es tener poder, que venga dios y lo diga… Felipe comente un abuso para las mentes sencillas: un acto de propaganda que sólo tiene como receptores pasivos a quienes no se plantean la divinidad y lo guapo que es el rey. En definitiva, busca el apoyo de los simples pues en otros ámbitos intuye que le queda poco que rascar.
Solo se me ocurre algo tan ridículo sucedido recientemente; y, convendrán ustedes conmigo, que eso, en esta piel de toro del esperpento es decir mucho. El viaje de Felipe Gonzalez a Venezuela, con el fin obvio de hacer campaña contra Podemos, que ha terminado siendo un insulto realizado por este tipo en nombre del estado español -al que representa en calidad de ex presidente del gobierno y miembro del Consejo de Estado- dirigido a todos aquellos que padecen opresión de dictaduras amigas como Egipto, Marruecos, Irak, Arabia Saudí, Kuwait, los Emiratos Árabes y tantos otros horripilantes regímenes en África y Asia con los que tiene excelentes relaciones y donde unas elecciones como las que se suceden en Venezuela están vetadas (tan buenas relaciones como las que tienen los Borbones, por cierto). Ahí, Glez, ha hecho el mayor de los ridículos y lo ha colmado con su espantada final, saliendo por patas del país. Le han recordado desde la Corrupción del Pelotazo al Gal, desde la patada en la puerta a la sumisión de nuestros aeropuertos a las naves que llevan secuestrados de la CIA para ser torturados impunemente en las cárceles “secretas” que hay en esos países amigos (amigos de los Borbones, de Glez y de la cia, no de sus pueblos a los que someten cruelmente). Le han recordado, en definitiva, su sumisión a los poderes fácticos, al neoliberalismo protector de oligarquías, a los banqueros y a las multinacionales que hoy le pagan el sueldo. Le han recordado su indignidad. O, dicho de otra manera: le han recordado que los restos de su dignidad yacen bajo la cal viva del terrorismo de Estado que amparó Mister X.
En fin, que terminamos una semana en la que hacer el ridículo ha sido el denominador común de los Felipes y las altas instancias del Estado español.
Quizás algún día, cuando esto vuelva a ser una república, podremos juzgar a nuestros jefes de estado y a nuestros presidentes de gobierno como ocurre, por ejemplo en Francia o en Estados Unidos.
Aquí, de momento y mientras no se convoque un referéndum que nos deje votar la monarquía -y botarla, también- la corrupción el ridículo andarán parejos bajo la sombra protectora del reinado de los Borbones.

EL PODER DE LAS PALABRAS

LAS PALABRAS SON UN ARMA: HOY SE USA CONTRA LOS CIUDADANOS.

LAS PALABRAS SON UN ARMA: HOY SE USAN CONTRA LOS CIUDADANOS.

El Poder de Las Palabras.

Debo haber perdido el norte hace tiempo. Yo creía que la democracia, nuestra democracia, era al menos el mejor sistema posible. Así se afirma habitualmente ¿no es cierto? Con este razonar nos imbuyen desde que tenemos edad para juzgar asuntos de este cariz. Así, cuando se evidencian los defectos del sistema (la injusticia de la justicia de “pago”, la pervivencia de la miseria que afecta a tantos, los abusos de quienes detentan la violencia legal, el apoyo a despiadados regímenes dictatoriales, la promoción de la guerra en tierras extranjeras, la gran desigualdad social en nuestra patria, etc.) nos dicen que son los defectos inevitables del mejor de los sistemas políticos “posibles”. Lo que nos dicen, en realidad, es que cualquier otra alternativa es imposible.

Otrosí, ¿no habéis escuchado nunca a alguien decir que no hay alternativa al capitalismo, pues ha existido siempre? ¿Cuánta gente cree a pies juntillas que el capitalismo ha existido “siempre”? Piensan: “había moneda y comercio, luego había capitalismo”. Es decir, para ellos -ignorantes sobre historia de la economía- el Egipto de los Faraones, La Persia de Darío, La Grecia de Esparta, La Edad Media europea, la China de los Mandarines, y otros muchos, eran “capitalistas” pues había moneda y comercio. De hecho moneda y comercios los había hasta en la URRS. Un pueblo ignorante tanto en historia como en economía, traga con cualquier consigna simple como la mentada: ¿hay comercio y moneda?… luego hay capitalismo. Algo que a nadie en ámbitos ligeramente cultos se le ocurriría afirmar sin sonrojo, pasa a ser una “verdad” vendida por casi todos los medios y la mayoría de políticos (afines al capitalismo y las ideologías que lo sostienen).

Se inculca una falacia desde muy temprana edad a través de los mismos colegios -sumisos a la versión oficial de las ciencias sociales-, a través de los mass media cuasi monopolísticos, incluso a través del “arte” de consumo (desde las series de la Fox a los dibujos animados más tiernos). Se fomenta la idea de la presunta universalidad del sistema capitalista desde la ideología oficialista, inserta en todos los medios. Cualquier otra opinión es ignorada o satirizada “agudamente” por la farándula paniaguada de los mismos.

Como decía, la presunta ahistoricidad del capitalismo no es más que una chusca falacia para el consumo del ciudadano semiaanálfabeto por su peso en cualquier ambiente mínimamente culto (incluidos quienes lo propagan tapándose la nariz); aunque, fuera de éstos, siga siendo tabú. Obviamente, hay una intencionalidad en tan peculiar –y extendida- interpretación de la Historia. Lo que se pretende es que, cualquier crítica que proponga una alternativa al sistema de poder establecido, nos parezca inmediatamente “imposible” pues no la vemos realizada en el mejor de los sistema “posibles”. Así, cualquier propuesta que se dirija a terminar con las injusticias obvias instaladas en nuestras sociedades, será tachada, enseguida, de utópica. Claro que, cualquiera que se pare a pensar cinco minutos, entenderá que si los antiguos hubiesen pensado de tan conservadora manera, aún vestiríamos pieles y viviríamos en cavernas.

Lo que me sorprende más es cómo, personas con mayores conocimientos de historia y teoría, aceptan que el error se extienda como una mancha de aceite a todas las capas de la sociedad. Si se pretende hablar con rigor de estos asuntos fuera de ámbitos académicos, se nos tildará de utópicos, como ya he dicho, o de algo peor: de “intelectuales” lo que empieza a ser considerado un insulto, que se aplica a quien pretenda llevar este saber fuera de los más estrictos limites del ámbito universitario o cultural. Lo que les ocurre a los “intelectuales” es lo mismo que le ocurre al León del Zoo.: mientras permanezca en su recinto, es un bello animal del que presumir ante los visitantes; pero si escapa de su cárcel y sale a la calle, deja de ser un bello León, y se convierte en una “fiera”.

Las palabras, las palabras…

Las palabras se han convertido, finalmente, en las verdaderas guardianas del orden establecido, del pensamiento único al que es sometida la masa encefálica ciudadana común (esa que ha llegado a tal degradación que se siente orgullosa de llamarse a sí misma clase media: la mediocridad elevada a virtud…) Su manipulación ha transformado nuestra visión del mundo y nuestra historia. En el ejemplo de los intelectuales, que antes citaba, es sangrante cómo funciona: ¿Quién preferiría dejar de ser llamado “intelectual” y respetable académico, para ser una “fiera utópica” o un demente? ¿Quién quiere ser ridiculizado y descuartizado en el circo mediático? Nadie, o casi nadie. Las palabras han instalado el reino de la puerilidad en la cultura mediática; que es, con mucho, la mayor parte de la cultura existente. Que los medios de comunicación estén concentrados en manos de grandes corporaciones capitalistas les ha permitido manipular impunemente el lenguaje -que es tan maleable- y, con él, la visión del mundo del ciudadano medio. De ahí, que ya casi todos creamos a pies juntillas que el sistema “capitalista” ha existido “siempre”. Claro que los faraones eran capitalistas ¿pues no tenían mucho oro, acaso?! Y no te digo los señores feudales, con tantos doblones, de oro también, guardados en sus arcas con los que comprar cuanto que quisieran. Y ¿qué decir de los Mandarines, tan “capitalistas” ellos? En fin…

Todavía recuerdo el asombro que sentí cuando, en los años anteriores a la caída del muro de Berlín, empezaron a usar el termino “la derecha”, de pronto y en todos los medios de comunicación, cuando se referían al del Partido Comunista ruso. Y lo más curioso es que quienes calificaban de “derecha” a los comunistas, eran los medios que habíamos sabíamos de derechas de toda la vida. Imaginad lo curioso que era ver –por poner un ejemplo- a un periódico propiedad de un conde , tildar de derechas a Stalin, Lenin, Mao, o Ho Chi Min, era el caso de la Vanguardia del conde de Godó, o el monárquico ABC. Y lo más curioso fue comprobar que los demás medios siguieron esa tergiversación tan burda del lenguaje, incluso los medios que se llamaban de izquierdas. ¿De izquierdas? Esos medios ya pertenecían o se habían convertido en grandes corporaciones capitalistas o nacieron a la sombra de las mismas cuando el Régimen debió realizar su lampedusiano cambio (como muestra un botón: El País, ese periódico fundado por un senador de designación real en 1976, es decir por el sucesor designado por El Caudillo para sucederle en la Jefatura del Estado en la reforma de la Ley de Sucesión de 1967… ¿de izquierdas?, pues tanto como el PSOE o el bien pagao consejero millonario de Gas Natural sr. González…). El resultado, al pasar unos años es el siguiente: todo aquél que ataque el capitalismo y las injusticias que perduran en los sistemas opulentos de occidente, son tachados de utópicos y de “derechistas”, cuando no de … ¡fascistas!. De hecho, paseando por los blog de economía, en los que participa la “inteligencia” masterizada del sistema –esos incultos que exhiben un MBA Eada, Iese o similar, con el OPUS o los jesuitas detrás- es frecuente ver como se pone en el mismo fiel de la balanza a Franco y a Hitler, que a Stalin o a Mao. Esto, que hubiese levantado las más estruendosas carcajadas en las gentes que vivieron en aquellas épocas, se lo creen, ahora ya, a pies juntillas nuestros jóvenes y no tan jóvenes conciudadanos. El poder de la palabra, ya ven, contra la historia…

¿Cuánto tiempo hace que no veo defender una simpleza histórica como que frente al auge de los comunistas y los socialistas (los de entonces que nada tienen que ver con estos engendros de mercado como el PSOE), las clases burguesas y capitalistas, promocionaron a los partidos fascistas para hacerles frente. Los Nazis, el Fascio Italiano o la Falange Española tenían como enemigos a los sindicatos obreros, a los partidos comunistas y a cualquiera que fuera contra el capital y la tradición (pues no era entonces posible separar ambos). El nacional-catolicismo que sufrimos en España durante 40 años, y que está instalado hoy mismo en el gobierno, es un ejemplo más de ello. Que el monstruo se les fuera de las manos, no quita que cumplió perfectamente la función de aniquilar a los enemigos de la tradición y del capital. A nadie se le hubiera ocurrido entonces decir que Stalin o La Pasionaria eran de derechas. A excepción de algún payaso que buscara causar la hilaridad con sus ocurrencias.

Meterlos a todos en un mismo saco indica, además, la mala conciencia de quienes fomentaron aquellos despiadados regímenes. Y, también, su intención de engañar al ciudadano. Y lo han conseguido. La capacidad de alterar el lenguaje ha demostrado su inmensa capacidad para alterar nuestra mente y, sobretodo, de reducir nuestro sentido crítico. Así, cuando nuestros gobiernos promueven guerras con evidentes fines económicos o energéticos, cuando mantienen magnificas relaciones con tiranos que oprimen despiadadamente a sus pueblos, cuando financian o facilitan el acceso a cárceles secretas donde se practica sistemáticamente la tortura, cuando dedican a unas Olimpiadas el dinero que bastaría para reducir el hambre en países enteros habitados por razas y culturas que no coincide con la suya, cuando observamos todo eso y más, resulta que somos incapaces de “ver” lo obvio: que nuestros gobiernos usan los mismos métodos que los nazis cuando les conviene. Tortura, exterminio, racismo… solo que apenas existen, porque los medios de comunicación los banalizan cuando los realizan los “nuestros”… y los magnifican si son otros quienes los usan o lo parece.

Las guerras las ganan quienes matan mejor, quienes eliminan con mayor eficacia a sus enemigos. Esos son generalmente los que, además de los medios, adolecen de una mayor escasez de escrúpulos. ¿Quién ganó las dos últimas guerras mundiales? ¿Quién se repartió el mundo de la descolonización? ¿Quién eliminó mejor a sus opositores, tanto dentro como fuera de sus fronteras? ¿Quién dedica la mayor parte de sus recursos a la guerra, la tortura y el exterminio? ¿Quién impone su lengua en el Orbe?

¿Quién es el dueño actual de las palabras?

Que tengan ustedes un buen día.

Felipe en la Caverna: cómo se gestó el Regimen del 78.

Felipe Gonzáles en la Caverna El corredor se enroscaba en el subsuelo como una tenia viscosa y húmeda hasta una sala circular de paredes terrosas. En el centro, una tosca mesa de hierro; sobre ella, un teléfono rojo, un cenicero y una libreta. Ocho sillas acolchadas, tachonadas de piel, aguardaban recostadas en la pared cavernaria. Se preguntó si iban a ser ocho los participantes en aquella reunión; tal vez el número de sillas era aleatorio. Quizá sería mejor hablar de sillones, reflexionó, por los apoyabrazos; no tenía claro en qué momento unos escuetos apoyabrazos convierten una silla en un sillón.
El uniformado que le había acompañado hasta allí se dio la vuelta y partió sin despedirse antes de cruzar el dintel de la puerta. Estaba solo; todavía no había llegado nadie y tampoco estaba muy seguro sobre quiénes acudirían a la cita. Ni siquiera conservaba la tarjeta de invitación, el uniformado no se la devolvió, la guardó en la carpeta que sostenía en la diestra en cuanto iniciaron el descenso. Así, que era el primero en llegar. Aproximó una silla a la mesa, se sentó y le vino a la cabeza lo de los apoyabrazos como vienen tantos otros pensamientos, como sin querer. Hacía tiempo que desconfiaba de ese tipo de ocurrencias, aparentemente casuales, que brotan en la mente como setas; tenía la sensación de que ocultan algo. Porque el tema que iban a tratar en la reunión tenía mucho que ver con eso de convertirse. Si una silla con apoyabrazos se transforma en un sillón; ¿qué precisa un pequeño partido político para convertirse en mayoritario, en el gran partido de la nación?, ¿apoyabrazos? Sonrió “perder el sentido del humor no tiene sentido”, se dijo. Pero sin apoyabrazos un partido pequeño como el suyo difícilmente se sostendría en la nueva silla de la democracia naciente. Y él quería prosperar.
Una luz falsa de neón alumbraba la estancia; todo en ella, la superficie de la mesa, el teléfono, la libreta, el cenicero, las sillas junto a la pared y la misma pared, resultaba impreciso. La pared era lo más inquietante, cóncava, sin fisuras; si alguna vez alguien os pregunta cómo será una estancia que sólo tenga una pared sólo cabe dar una respuesta: circular. Fácil. Es curioso en que se entretiene la mente en ocasiones, reflexionó nuevamente Felipe; dejaba divagar la suya atento a los chispazos que pudieran encubrir otras intuiciones. Él era un hombre de acción, rápido, perspicaz, y esas intuiciones eran las que le habían llevado hasta aquel lugar del que pensaba salir con un gran futuro, o con nada. Tenía gran confianza en sí mismo, a cara y cruz siempre ganó; y casi siempre gracias a aquellas intuiciones. Al menos, hasta la fecha. Convertirse era lo importante…
“No, lo importante es lo que se consigue con la conversión”, rectificó mentalmente.
– Veo que ya ha llegado, Sr. González.
Conocía aquella cara.
Henry se quitó las gafas, se restregó los ojos y se las puso de nuevo.
– Se me hace cada vez más difícil dormir en el avión.
Una frase banal, quizá con la intención de iniciar conversación, cada cual tiene motivos para su fatiga que a nadie importan. Felipe apenas había dormido la noche anterior, estuvieron hablando con Alfonso, Benegas y los demás hasta que clareó el día. Tomaron notas de lo convenido tras sopesar diferentes opciones. Unas notas sin firma, sin identificación, sólo para ellos; para que ninguno pudiera decirle nunca a otro que no habían convenido esos puntos. Todos sabían bien de qué iba todo aquello, tampoco era la primera vez que tendría lugar una reunión con alguien del “el Grupo”, pero era la primera vez que estaría Henry. Con él, era la primera vez; al menos, en persona; Wylli, era otra cosa: un viejo amigo que, de una u otra forma, hacía años les echaba una mano y algún consejo: “llegará vuestro momento, tened paciencia” le había dicho en más de una ocasión con su inglés de acento germánico. Después de Suressnes, Wylli les quiso aún más.
– Café, o algo parecido… Henry. Yo también lo preciso, hemos dormido poco esta noche con los compañeros…
Con un leve siseo se desplazó un segmento de la pared de la covacha dejando un hueco tras el que se adivinaba un pasillo. Por él, entró una señora con una bandeja con dos tazas y una cafetera. Dejó una taza delante de cada cual, además de un azucarero y unas pequeñas servilletas, las llenó y despareció por donde había venido.
-¿Es casual?- pregunto Felipe, traicionando su costumbre de dar rodeos antes de abordar ninguna cuestión. Pero acaso no tendría otra ocasión de preguntárselo y quizá pillaba desprevenido al Secretario de Estado americano.
– ¿El qué?- pareció desconcertado o lo simuló, Henry.
– El que nos encontremos primero usted y yo. Antes…
– ¿Y por qué razón iba a ser casual? En algún orden hay que ir llegando, no cree… -educado y ácido a un tiempo, contestó el Secretario de Estado.
A Felipe le molestaba que no le mirasen a los ojos mientras hablaban y Henry tenía la vista perdida en la taza de humeante café.
– Podría ser por que quisiera usted decirme algo, sin testigos… -no estaba dispuesto a ceder ante la astucia o el sarcasmo del judío. Nada era nunca casual. Y menos con tipos como éste.
Henry sorbió y luego levantó el mentón y la mirada. Pareció sopesar algo. Levantó la mano como un guardia en un stop, como indicando que callase.
– ¿Sabe, sr González, qué hemos venido a hacer hoy aquí? ¿Sabe a qué he venido?
Ahora, le pilló desprevenido a él, el tono directo del Secretario de Estado. Henry no había levantado la voz; es más casi había susurrado aquellas frases. Pero a Felipe le llenaron el pabellón auditivo como una explosión. Así que no era casual, no: Henry quería decirle algo sin que los demás estuviesen presentes. Optó por enarcar las cejas y no decir nada; mejor esperar a que el otro se explicase.
– Sr González, como usted sin duda sabe, mi país tiene un gran interés en que la democracia llegue también al suyo…- sorbió café y se limpió los labios con una servilleta- Pero, eso, usted ya lo sabe, claro. Lo que yo quiero que me diga ahora es si esa democracia será amiga de mi país o no.
Debajo de sus gruesas cejas canosas el rostro de Henry quedó imperturbable, hierático. A Felipe el pareció que los ojos del Secretario de Estado, pequeños y profundos, se hacían todavía más oscuros y expectantes. Algo debía responderle, es lo que se esperaba de él, que clarificase sus lealtades.
– Sr Kissinger, si lo que me está preguntando es si España seguirá siendo un país amigo de los Estados Unidos en el caso de que los socialistas lleguemos al gobierno, se lo confirmo. Siempre hemos dicho que nuestro lugar está con la libertad… -Felipe sabía de la debilidad de los americanos por el concepto de Libertad; habían hablado de ello la noche anterior con los compañeros: la libertad, las libertades… -Sr. Secretario de Estado, los españoles salimos de un Régimen dictatorial muy largo y hemos carecido demasiado de libertad como para que ahora no la apreciemos.
– ¿La defenderán con nosotros, esa Libertad?
“Vaya, cuando quiere va al grano” pensó Felipe. Al fin, el tema había salido: y el tema tenía nombre, en inglés NATO, en castellano OTAN.
– Ustedes llevan en su programa, y manifiestan en sus discursos, que no quieren colaborar en el bloque occidental de defensa en el que participamos las demás democracias… -añadió Henry.
– Pero… -le interrumpió Felipe, su olfato le decía que debía zanjar esta cuestión o la reunión de luego apenas tendría importancia- Escúcheme, sr Kissinger; escuche lo que voy a decirle y verá cómo nuestras posiciones no son, en el fondo, tan distantes.
Se miraban a los ojos. El viejo zorro desde la fronda de sus cejas, titilando inteligencia en los ojillos, tras los anteojos de pasta. Felipe, preguntándose -y se lo seguiría preguntando el resto de su vida- si Henry sabía lo que iba a escuchar; si anticipaba sus intenciones. Porque era posible -así lo consideró muchas veces después de aquel encuentro- que el Secretario de Estado americano le hubiera dejado hablar sólo por diplomacia, para que pareciera que aquello no era una imposición; obviamente, sin su apoyo, el PSOE tenía pocas probabilidades de llegar a ninguna parte: 1.500 militantes y 125.000 pesetas de presupuesto… en fin, una miseria si se comparaba al PCE. Necesitaban, sobre todo, dinero. Ganar elecciones cuesta mucho dinero: medios de comunicación afines, asesores, publicidad, convenciones etc.… Sin contar con que deberían fichar a mucha gente que no militaba en el partido, profesionales respetados que como mucho serían meros simpatizantes o vendrían por interés económico. Tras un breve silencio, continuó.
– Escúcheme bien -reiteró-, en nuestro programa electoral, en nuestras manifestaciones texto transicion cavernapúblicas el asunto de la NATO, de momento, debe quedar claro para nuestro electorado. Y nuestro electorado, ahora, no quiere saber nada de la NATO. Demasiados años han apoyado ustedes al dictador, y eso no ha pasado desapercibido para muchos españoles. Sobre todo, para aquellos más activos políticamente. No puedo presentarme a unas elecciones, hoy, diciendo que soy socialista, que represento a la izquierda española y que, al mismo tiempo, quiero que España sea miembro de la NATO. Eso imposibilitaría nuestro acceso al gobierno y sólo haría que reforzar los resultados de los comunistas del PCE.
– Algo que ni usted ni yo deseamos, ¿verdad? -se le adelantó Henry- Vale, veo que es consciente de la situación, sr González. ¿Qué nos propone usted, entonces? Porque ya sabe cuán importantes son para nosotros las consideraciones geoestratégicas. Estamos en guerra con la URSS: y en este conflicto no hay lugar para neutralidades.
– Sr Kissinger, mi propuesta es la siguiente: estoy en condiciones de garantizarle que una vez hayamos obtenido el Gobierno, España entrará a formar parte de la Alianza. Lo hemos hablado, y mis compañeros están de acuerdo en que si realizamos en este asunto un cambio de posición justo tras la euforia que suscitará nuestro ascenso al poder (que muchos españoles sentirán como la auténtica recuperación de la democracia) nos perdonarán ese cambio de posicionamiento. Nosotros representaremos la modernización de España, su secularización y la promesa de libertad, de educación y sanidad dignas: los españoles verán eso representado en mi partido. Para eso necesitamos la ayuda de El Grupo, su ayuda. Dinero y medios. Si nos los proporcionan, tiene Ud. mi palabra, propia y en nombre del partido, de que España entrará en la órbita de sus aliados y, finalmente, en la NATO.
-¿Aceptarán entonces el capitalismo como forma incuestionable de la economía del estado español?
– Bueno, si hemos asumido ya la Monarquía… -evidentemente, pensó Felipe, el americano no quería dejar cabos sueltos-. Además, nosotros no lo llamaremos nunca capitalismo, sino economía de mercado. Ayer, con los compañeros, llegamos a una formulación de este tema para la Constitución que hemos de redactar próximamente, y que vendrá a decir algo así como “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad” de forma que cualquier veleidad igualitaria quede relegada para siempre por inconstitucional. Claro que deberá parecer que esa cláusula nos la impone la derecha… Eso sí, a cambio, España deberá progresar hasta niveles de vida similares a los de nuestro entorno y definirse, también, como un estado social…
Henry había atendido con seriedad a lo que Felipe le manifestaba, hasta que nombró los de los niveles de vida. Entonces una chispilla de ironía asomó en su mirada.
– ¡Ah, el estado del bienestar! ¡Cómo son ustedes los europeos! ¡Qué manía…! -se acercó la taza a los labios pero la devolvió a la mesa al comprobar que el café se había enfriado- Bien, nosotros no pondremos ningún impedimento al desarrollo de su espléndido y soleado país, por supuesto. Todo lo contrario, nuestras empresas están deseosas de encontrar un mercado nuevo y poder instalarse en él mejor, incluso, que hasta ahora. ¿Tengo su palabra, entonces…?
-¿?
– Sobre lo de la NATO, digo.- aclaró.
Felipe se sintió solemne y largó su mano hacía el americano. Éste la tomo decididamente.
– Tiene mi palabra, se lo reitero.
Tenía sudada la mano cuanto Henry se la devolvió.
– Pues nada más hay que hablar.
– Sobre este tema, al menos…
Se corrió de nuevo una fracción de pared de la caverna, por él entro el General V (eludimos su nombre por cuestiones de seguridad… propia). Con él entró, también, Torcuato. Se saludaron efusivamente con Henry; luego, el civil, dio a Felipe un protocolario apretón de manos. La señorita de antes entró también, añadiendo más tazas y dejando una gran jarra de vidrio llena de café humeante. En un momento, estaban todos sentados en la mesa.
– Hablábamos, General, con el Secretario General del Partido Socialista…
-Llámeme Felipe, es más corto- le interrumpió el secretario del Partido Socialista Obrero Español.
– Bueno; como le decía, General, Felipe me contaba su buena predisposición a que su ejército se integre en la alianza del Atlántico Norte…
El General, que no se había quitado la gorra de plato con las armas cruzadas y las tres estrellas de ocho puntas, le dirigió una mirada cruzada.
– No me fio de estos rojos, señor Secretario de Estado. Y le recomiendo hacer lo mismo. Si le contara yo de las artimañas del ejército de Stalin cuando fuimos los de la División Azúl… -se interrumpió bruscamente, tosió e hizo como que soplaba el café.
Torcuato le había dado una patada al General por debajo de la mesa. Felipe sonrió para sus adentros, “estos generales carecen de don de la oportunidad ¡mira que recordarles a los americanos que fueron aliado de Hitler!”
-Vamos, vamos, General, tiene que ser usted más comprensivo, los tiempos son otros… desde la segunda guerra mundial ha llovido y mucho… – el tono de Torcuato era de suma amabilidad, como si hablase a un niño- Henry, ya ves cómo nos hemos de ver: hay que derruir el edificio sobre el que hemos sostenido el edificio de España durante todos estos años y contenido el avance comunista… no sin vuestra ayuda, lo sé. Pero ahora, nuestros generales, quieren garantías de que ni el separatismo ni los rojos comunistas se nos van a colar por las puertas de la democracia…
– Entiendo, entiendo… – Kissinger, sonreía veladamente; daba la impresión de no tomarse muy en serio casi nada, y menos al general ese tan estirado que le debía recordar a sus colegas sudamericanos, que tan bien conocía.
Pareció que el General V le leyó el pensamiento, cuando dijo,
– No entiendo yo porque no podemos hacer aquí, en España, lo que hacen nuestros colegas en Argentina o mi admirado General Pinochet en Chile, señor Secretario de Estado. Estos socialistas son lobos con piel de cordero. Recuerde usted al malvado Allende…
– Con todo el respeto, mi General -se entrometió Torcuato, y añadió con firmeza-, España no es una república sudamericana. Esto es Europa. Nuestra gloriosa historia es la de una gran potencia europea y nuestra aspiración debería ser volver a serlo. Un país, un Rey, una nación unida bajo una única bandera, mi General. Eso es lo que importa. Pero con elecciones, como en toda Europa. Mire usted a Francia, a Inglaterra, a Alemania o a Italia… ¡votan y no pasa nada! El comunismo no entrará nunca en esos países, jamás gobernará. Y el separatismo que tienen es ridículo: nadie quiere salir de una gran nación europea. Al menos, nadie con sentido común. No, no tema usted, mi General.
– Bueno, bueno… – rezongó, reticente, el uniformado- Veamos, joven, ¿usted está en condiciones de prometerme que no se dejará arrastrar por el Pacto de Varsovia y sus siniestras y ateas intenciones?
– Le prometo, mi General, que mí norte es una España unida y fuerte. Donde reine la libertad y no el libertinaje. Nosotros, aunque a usted le cueste creerlo, somos gente de orden: aceptamos la monarquía, el mercado, la libre empresa… y abominamos del comunismo igualitario. Pero ya sabe usted, mi general -el tono era conciliador y explicativo a un tiempo; Felipe era consciente de que tanto Henry como Torcuato no se perdían palabra- que el pueblo español es indisciplinado e imprevisible. Como un toro bravo, puede tener un momento de furia y cometer alguna barbaridad. Pues nosotros, el Partido Socialista Obrero Español, estamos para evitar que se desmande. Nosotros canalizaremos esa furia y esa inquietud que la muerte del Generalísimo ha causado. Y le prometo, General, que si llegamos al Gobierno de la Nación, serán nuestros Ejércitos respetados y cuidados como nunca lo han sido. Porque queremos a militares como usted, preparados, con visión de futuro…
Dejó en suspenso la frase, temía que el General V se percatase de que le hacía la rosca y fuera a ofenderse.
Entonces entraron Willy y el Banquero (tampoco pondremos su nombre, por lo de la confidencialidad bancaria…). Felipe sintió una mezcla de alegría, la de ver a un amigo al fin, y de relajación. Si el Banquero había venido era porque el tema estaba muy avanzado. Seguramente, cuando salieran, el futuro ya estaría marcado.
– Señor Secretario de Estado, Señores -inició Billy su discurso- Ummh, veo que ya han despejado ustedes las cuestiones estratégicas con mi amigo Felipe. Él es un socialista como yo, como ustedes saben bien. Dispuesto a buscar el progreso de su pueblo sin mermar los derechos de los propietarios, las empresas y los defensores de la libertad frente a los comunistas. Ummh… ya veo… pero tengan en cuenta ustedes que este hombre es todavía joven. Quizás el joven con mayores aptitudes y sagacidad que haya conocido, cierto; pero sin el bagaje de gobierno que todos tenemos.
No estaba nada claro a dónde quería ir a parar su amigo; pero Felipe dejó que siguiera hablando, intentando no irritarse por el tono paternalista que gastaba con él el Canciller alemán. Éste seguía su discurso sin interrupción.
– Pues tengo que decirles yo, lo que por prudencia Felipe no dice: España debe modernizarse, habrá que poner en marcha programas sociales costosos en lo referente a la educación y la sanidad… en definitiva, no se puede pretender que se vayan acercando a la NATO sin pretender que entren a formar parte del Mercado Común. Y eso es más dinero…
Torcuato se removió en su asiento al escuchar hablar de dinero.
– Herr. Brand, tenga usted en cuenta que la oligarquía española no es rica… Si la esquilman a impuestos la economía puede hundirse, los capitales, al sentirse amenazados, huirán del país y con razón…
– Entonces, ¿Cómo piensa usted que el partido de Felipe podrá obrar cuando llegue al poder? Y esté seguro de que llegará; sino, lo harán los comunistas y los anarquistas. A menos que consintamos otro baño de sangre en el Sur de Europa, debemos actuar y ser generosos. En eso estamos todos de acuerdo, ¿no es cierto? -murmullos de aprobación- Conozco a Felipe: ayúdenle y les ayudará. Y denle algo al pueblo español para que los tiempos de revoluciones sean historia ya para siempre.
– Por nuestra parte -intervino Henry, que se había vuelto a quitar las gafas y las sostenía por una varilla con la diestra- puedo asegurarles que las grandes multinacionales no abandonarán el país cuando yo, personalmente, les comunique su intención de integrarse en nuestra órbita ideológica de defensa del libre mercado. Además, les prometo que aconsejaremos a los mercados para que no les falte financiación… engrosando su deuda, naturalmente.
– No tenga usted la menor duda de nuestras intenciones, señor Secretario de Estado- se apresuró a intervenir Felipe.
– Ya, ya…
– Ummmh… veo que adelantamos. Nuestras fábricas de automóviles y de tecnología de electrodomésticos mantendrán sus sedes en España, no lo duden. Facilitaremos a España que sus importaciones a Europa se incrementen, y promocionaremos todavía más el turismo de nuestros compatriotas en su país, cosa que estoy convencido que mis colegas europeos igualmente harán; ya lo he hablado con ellos. Al fin y al cabo -añadió mirando a Felipe con una sonrisa- ustedes tienen el Sol y las mejores playas… y bellas mujeres.
Todos rieron; sin embargo, Felipe observó que Torcuato fruncía el ceño y se dirigió a él.
– Torcuato, por favor, si tiene alguna duda, suéltela ahora.
– Sencillo, Felipe. Todo eso que ustedes dicen está muy bien, claro. Pero hay que realizarlo, y vosotros, Felipe -el tuteo no pasó desapercibido, aunque nadie dijo nada- sois unos desconocidos. Y no todo es prever cómo haréis esa economía del bienestar (por cierto ¿qué es eso?, ¿acaso estáis mal en España?), sino cómo haréis para ganar alguna vez las elecciones. Necesitaréis financiación, tú lo has dicho…
Dejó un largo silencio durante el que nadie dijo nada, sabedores de que Torcuato quería ir a alguna parte. Luego siguió.
– Pero estoy seguro de que tanto el señor Banquero como Henry harán lo posible en ese sentido -los aludidos afirmaron con la cabeza- Pero hay algo más: necesitáis ya un medio de comunicación influyente que os abra paso. En eso, yo tengo gente con mucha experiencia.
– La Vanguardia… – empezó Felipe
– Es catalana y monárquica, ahí no pescaréis un voto. No, lo que vosotros necesitáis es el primer periódico del país…
– Hombre, Torcuato, no creo yo que el ABC…
– Calla, calla -se rió sordamente el representante de la monarquía- El ABC es lo que es y lo seguirá siendo por mucho tiempo. No.
– Pues no veo yo periódicos hoy en día…
– Hace tiempo que trabajo en la idea de un gran periódico de la izquierda moderada. Como los hay en Francia o en Alemania o Italia… Se llamará El País, he hablado con Spottorno y se pondrá inmediatamente a ello. En poco menos de un año, creemos que puede ser el segundo en tirada. Fichará a intelectuales reconocidos próximos a las ideas socialdemócratas y les dejará opinar lo que quieran. Pondremos al frente a los mejores profesionales educados en EEUU e Inglaterra; españoles progresistas moderados todos. Por otra parte, abriremos todavía más la mano en TVE en los programas de debate: es necesario culturizar al pueblo para que acuda convenientemente a las elecciones.
Felipe no salía de su asombro: el hombre del Rey, el de la prensa reaccionaria, le regalaba un periódico para que le apoyase. Siempre había tenido a Torcuato como un contrincante inteligente, lo que no se esperaba era encontrarse con un compañero eficaz.
– España necesita dos grandes partidos, como cuando la Restauración con Cánovas y Sagasta. A eso hemos venido hoy aquí. Obviamente los tiempos son otros, pero el Rey y yo mismo estamos dispuestos a defender ese modelo democrático. ¿Y ustedes?
Murmullos de aprobación. Todos afirmaron que su idea era exactamente esa. Felipe observó, una vez más, que el General era el menos entusiasta.
– Vamos, General, que España está a salvo de rojos y masones. No se preocupe, hombre. -Henry parecía haber observado lo mismo que Felipe y le hablaba así al General V. Se notaba que tenía mucha experiencia en el trato con militares fascistas.
Hablaron de más cosas durante un rato. Primaban las consideraciones generales y cierto buen humor, aunque al general seguía sin vérsele muy convencido. Se citaron para sucesivas reuniones y contactos para concretar detalles y flecos que pudieran surgir; pero lo importante ya estaba decidido: España sería una monarquía capitalista, constitucional, con dos grandes partidos turnándose en el poder y con los medios de comunicación controlados.
Cuando se despidieron, Felipe tenía la seguridad de que Henry se iba satisfecho. Y así se lo dijo.
– Verá, Felipe -le contestó el americano- da gusto hablar con ustedes. Vengo de una gira por Sudamérica, Argentina, Chile y Paraguay… allí todo es distinto, todo se exagera y las reuniones nos obligan a tomar decisiones difíciles, incluso crueles… allí los socialistas y comunistas, sí son un peligro. Lo dicho, un placer…
Cuando sus manos se separaron Felipe se dio cuenta de que ya no sudaba.
Tuvo la certeza de que no volvería a sudar nunca más.