¿Adónde no va Mister No X, o de qué no habla el amigo del Borbón?

MISTER NO X-1FELIPE HA ENTRADO EN CAMPAÑA. Parece que no le ve mucha sustancia al de la Operación Guaperas y se prodiga ahora en los platós televisivos soltando ocurrencias y banalidades.

Quien no fue el Mister X de los Gal, ni tuvo responsabilidades en la primera Ola de Corrupción ligada al urbanismo y las concesiones a amiguetes, a finales de los 80 y principios de los 90, que terminó con aquella crisis que duró 6 años y que sólo la supercrisis reciente ha hecho olvidar a muchos (Aznar y los suyos venían con hambre atrasada), ahora se prodiga opinando en los platós televisivos y se va a defender a presuntos golpistas petroleros a Venezuela. Creo que somos muchos los que nos preguntamos ¿adónde no va Mister no X?

Mister no Equis, no va a defender los Derechos Humanos a Marruecos, no. Mister NO Equis, no va a defender la Democracia a:Argelia, a Mexico, a Arabia Saudí, a Oman, a Kuwait, a Irak, a Pakistán, a Afaganistán, a Tahilandia, Sudán, Egipto, Mauritania, Yemen, Cuba, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Zimbawe, Djibouti, Burkina Faso, Camerún, Argelia, Catar, Brunei, Camboya… Mister no X tampoco va a defender la democracia a países con gobiernos títeres instaurados con ayuda golpista o de la Cia como en Panamá, Granada, Honduras o Colombia, no… Esos lugares debe ser “amigos” y muy democráticos para Mister no Equis.

¿Alguien le ha escuchado una palabra al que no fue Mister X sobre el golpe de estado petrolero que intentaron en Venezuela en 2002 los petroleros contra Chávez? ¿Alguna indignación de nuestro no X por el golpe de estado que derrocó a Celaya en Honduras? ¿Alguien le ha escuchado una palabra sobre la bochornosa foto de Felipe VI dándose la mano con el dictador Al Sisi esta semana? Hoy,  Mister no Equis ya no recuerda nada de nada: se va a hacer campaña contra Podemos a Venezuela.

Mister no Equis ha olvidado los gatos negros y blancos en casa. Esos felinos maquiavélicos que se justificaban en los resultados obtenidos por cualquier medio. Pues los resultados de estos años de neoliberalismo gatuno nos han llevado a la PEOR SITUACIÓN DE PARO Y MISERIA CASI DESDE LA POSGUERRA. Con índices de pobreza vergonzosos (más de un cuarto de la población en la pura miseria). 2.800.000 niños en la pobreza, 2 millones de familias sin ningún ingreso, salarios de 600 euros en un país que eso equivale casi al alquiler de una vivienda, familias ateridas porque no pueden pagar la calefacción en invierno, cientos de miles de desahuciados por las fuerzas del estado y sus amigos banqueros, implementación de leyes represivas de manifestación y opinión, una deuda externa que tardaremos generaciones en pagar, miles de corruptos impunes con el dinero en paraísos fiscales, empresas corruptoras con los mayores beneficios conocidos jamás, los políticos imputados del PP y del Psoe campando felices, los jueces honestos castigados, la policía y la fiscalía al servicio de la monarquía y sus secuaces, once millones de españoles en riesgo de exclusión, la juventud emigrando como no sucedía desde los años de la dictadura ¡bonito resultado es de los gatos de FuManChú González y sus amiguetes de la transición!

Con silencios y sin vergüenza se va este Mister no Equis a Venezuela y los platós televisivos a hacer campaña para el guaperas.

Y si el sinsustacia de Pedro fracasa al fin, dirá que no fue la culpa suya y se podrá retirar Mister no Equis a la maravillosa democracia Marroquí, donde tiene un patrimonio incontrolable para hacienda, a consolarse soñando con huríes. Allí puede gastar como un Rajá la pasta que le paga Gas Natural Fenosa, sin la menor vergüenza.

Pues ya se sabe que a la vejez, viruelas.

De cómo ha llegado el Estado a ser el enemigo de los ciudadanos.

hay quien vive en su globo olvidando a quienes le sostienen

   Algunos viven en su Globo olvidando a quienes le sostienen

Puede que usted, lector, no esté de acuerdo con lo que predica el título de este artículo; puede que usted, lector, piense que el estado es su amigo. Si es así, estoy por decirle que no siga leyendo: este artículo no es para los amigos del Estado, ellos ni lo entenderán e, incluso, algún alma bendita se nos escandalice por lo que aquí se va a exponer.

Es posible que usted sea amigo del Estado y reciba de él salario y parabienes. Sea funcionario, principalmente, o político o proveedor de servicios u obras. O, puede, también, que sea lector acérrimo de Hobbes. Pero, para los demás, esos que viven con desagrado el levantarse cada día sometidos al Leviatán, la vida les resulta cuanto menos irritante, cuando no horripilante.

Ah, y conste que hablo del Estado de este país llamado España. Posiblemente lo que diré vale para otros muchos, en mayor o menor grado. Pero me basta con éste: y es que España es mucha España… para los españoles.

Después de considerar varias opciones -la corrupción, la impunidad, la falsificación de la voluntad popular con urnas manipuladas en elecciones financiadas irregularmente, la concentración de los medios de comunicación en manos de una oligarquía financiera, la merma en los servicios públicos o los baches de la carretera- he llegado a la conclusión de que lo que nos produce mayor irritación es el estatus privilegiado de quienes viven directamente o indirectamente del Estado.

Los privilegios son como el zumbido de las abejas en verano, están en todas partes pero no podemos acercarnos a ellas sin el temor a que nos suelten un picotazo. ¿Quiénes son nuestras “abejas” del Estado?

¿Quiénes son los favorecidos del Estado español? Por orden son los siguientes: los funcionarios, los políticos y las empresas que “tratan” con el Estado. Todos ellos se reparten de una u otra forma, y en mayor o menor grado, los dineros que directa o indirectamente pagamos todos. Ellos viven mucho del sudor de los demás y algo del propio. Unos aportan más y otros menos. Unos roban y otros no; pero todos maman de la misma teta y todos son privilegiados respecto a la mayoría de los ciudadanos.

Hago hincapié en los funcionarios. Espero que no se me cabreen demasiado mis amigos, que los tengo, que dependen de la función pública. Pero no pueden, en rigor, pretender que su estatus no tiene privilegio respecto al de los demás trabajadores. Y la gente anda cabreada con el Estado por su causa, entre otras.

Es cierto que hay muchos tipos de funcionarios: desde los que trabajan en la mera Administración -en todos los niveles- hasta los médicos, maestros, militares y policías, funcionarios de justicia, jueces y bedeles y más. También es cierto, que aquellos que trabajan en la Administración -desde el oficial al técnico- se llevan buena parte del odio ciudadano. Sentaditos sus horitas, con el periódico a ratos, haciendo pajaritas, despreciativos con el ciudadanos, escapados al bar eternamente, tan panchos y frescos, con sus horas extra, sus vacaciones, sus largos fines de semana, su vuelva ud mañana le falta la póliza redonda… así son percibidos -con justicia, aunque no siempre- por muchos ciudadanos como los causantes de parte de la desgracia del país.

Y es en tiempos de crisis y tribulación cuando más sensible se vuelve la piel de los incluso, muchos, incluso, caen en la pobreza. Y esa sensibilidad se vuelve verdadera irritación hacía lo que sienten como uno de los mayores privilegios a los que el común de la población no tiene derecho: la plaza en propiedad. Es sabido que los funcionarios, en contra de lo que ocurre con los demás trabajadores (incluidos los políticos), no pueden ser despedidos. Bueno, pueden; pero sólo si asesinan al jefe o algo de gravedad similar. En caso contrario, ya pueden ser unos verdaderos holgazanes o inútiles que tanto da: su curro y su nómina está asegurada. En eso, son iguales los administrativos, los técnicos de urbanismo, los maestros, los sanitarios y los maestros (ah,mejor no nombro demasiado a los milicos…)

Ese privilegio resulta realmente molesto cuando, como ha ocurrido estos años, uno de cada cuatro españolitos está en paro. Claro que si quitamos del cálculo los funcionarios, nos sale que son uno de cada tres trabajadores por cuenta ajena quienes se han quedado sin trabajo y, a la larga, sin prestación. Cabreo supino. Es lo que hay.

Y cuando el ciudadano expresa ese cabreo, sale el listillo paniaguado de turno recordándole que él se sacó unas oposiciones. Como si los demás no hubieran estudiado, ni trabajado, ni hecho mérito alguno en su vida. Cuando el ciudadano de a pie escucha tan insultante argumento no puede dejar de recordar que él pasa oposiciones cada día, cada semana y cada mes, porque si no rinde lo que el empresario espera de él todos los meses, será despedido sin contemplaciones. E incluso cumpliendo, si la empresa precisa una regulación, también puede quedarse en la rua y haciendo cola en el INEM, donde un amable funcionario no le solucionará el problema (“coño, debe pensar nuestro parado de larga duración, ¿para qué carajo sirven esos tipos si no es para encontrarnos curro a quienes venimos aquí?, ¿para qué les pagamos entonces?, y cosas así….). Ya no les digo cuando ese pobre parado en lugar de preparar unas oposiciones, lo que hizo, años ha, fue sacarse dos carreras, un master, un doctorado y el cinturón marrón de judo: saldrá de la oficina del INEM alucinando pepinillos. Con suerte le darán un curro en infoJob de vendedor de seguros o aspiradoras o algo similar.

El Privilegio es la esencia del Estado. Y más en las monarquías: si en la cumbre del poder hay un tipo que no sólo es riquísimo porque todos se lo pagamos y consentimos, sino que tiene cargo vitalicio y hereditario y, por si fuera poco, está por encima de la ley y no puede ser juzgado por muchos desmanes que se le ocurra perpetrar; entonces, la esencia del privilegio que se desprende de su capa se extenderá como una mancha de aceite desde los puestos más altos del escalafón hasta el más mísero sirviente del estado, el bedel de una escuela manchega, por ejemplo, cuyo salario es chiquitín (cual mileurista con 14 pagas, ¡quién lo pillara, eh!; pero con su puesto asegurado, su paga exacta y su jubilación anticipada)

El Privilegio es la esencia del Estado, repito. Y el privilegio es el trabajo fijo y, también, la consideración social que acarrea. ¿Se han preguntado ustedes qué le ocurre a un trabajador autónomo (lo peorcillo, sí) cuando quiere adquirir una vivienda y se dirige a un banco a solicitar una hipoteca, o un préstamo para pagar el master de su hijo, o los gastos del Erasmus, o una nueva dentadura para su abuela? No les descubriré nada nuevo si les digo que no le ocurrirá lo mismo que a un funcionario. A nuestro funcionario el director del banco le pondrá una alfombra, lo tratará con respeto y echará mano de esos créditos “para funcionarios” con interés privilegiado, que todos los bancos tienen a su disposición. Al pobre autónomo -y a los demás curreles, igual- le pedirá el oro y el moro -que tenga más dinero del que pide, normalmente- el aval del padre, la madre, la suegra y un piso de cualquiera de ellos puesto como garantía adicional. Y, a veces, ni por esas. Así, que el acceso a la vivienda, la sanidad privada y la enseñanza de la buena, están condicionados a si uno pertenece a la clase funcionarial o no.

No se me cabreen, señores funcionarios: no digo nada que los más listos y sensibles de ustedes no sepan. Detecto, incluso, que la ferocidad con la que públicamente defendieron sus salarios cuando se los tocó el gobierno (¡ay, ese 5%!), ha dejado paso a cierto sentido de vergüenza, vista la miseria en la que han caído muchos de sus conciudadanos. Algo es algo: tampoco les vamos a pedir que renuncien a sus privilegios, por no pedir imposibles. Algo de empatía ya nos vale.

Además de la pedante vanagloria de haber ganado unas oposiciones en la vida, resulta casi igual de irritante otra parte de la cháchara funcionarial: cuando echan la culpa de todo a “los políticos”, como si ellos no tuvieran nada que ver con el funcionamiento de la cosa pública (y en la tónica tan conservadora de suponer que todos los que se dedican a la política son iguales) ¿Vergüenza torera?; ¡no!, desfachatez funcionarial: les joroba que les mande alguien a quien vota el pueblo cada cuatro años. De hecho, uno de los problemas mayores con que cualquier gobierno que quiera realizar mejoras y cambios reales en el Estado es lidiar con la clase funcionarial: varios millones de personas agarradas a la teta de las arcas públicas y reacias a responsabilizarse de su trabajo más allá de lo que les dé la real gana, y de quienes no se puede prescindir por ley. ¡Vaya problemón tiene con ellos ese hipotético político! Imaginen ustedes que ocurriese lo mismo en una empresa que no funciona porque algunos de sus empleados no van a trabajar o lo hacen mal ¡y resultara que no se les puede sustituir por otros más eficaces! El futuro de esa empresa estaría cantado ¿verdad? Pues ese es el estado de las cosas que cualquier político se encuentra al llegar al poder.

Ahora, un ejemplo para dejar claras las cosas y que muchos recordarán todavía: tras la muerte del Dictador Franco el país se metió en eso que desde entonces venimos llamando Transición, pasando de una autarquía a una democracia (o algo parecido). En ese momento el Estado del Generalísimo tenía y se mantenía sobre una clase funcionarial que vivía de la dictadura y había sido opositada (escogida) por ella, con el consecuente servilismo a sus ideas (y una excusable cobardía, también) La nueva “democracia” tuvo que apechugar con esos funcionarios del franquismo: el dictador murió, sus funcionarios se quedaron. Todos. Intocables. Ya no les digo los de los cuerpos de seguridad del estado… Hubo que construir “esto” con ellos y a pesar de ellos… y hasta hoy. Es paradigmático lo que ocurre en la magistratura, donde la transición no llegó jamás, como todo el mundo sabe (y del Ejército, lo dicho: mejor no hablar…)

Podría seguir rato comparando la situación de estos privilegiados con la que sufren el común de los curreles de este país; pero sería darle vueltas a lo obvio: el privilegio.

Yo me pregunto… no, mejor se lo pregunto a ustedes: si el Estado es de todos, el trabajo que proporciona ¿no debería ser de todos? Pues, sí esto es así: ¿por qué no convertimos los trabajos funcionariales en rotativos? Pues en este país, con cinco millones de parados, resulta irritante que se mantenga el privilegio de unos pocos sobre la miseria de muchos. Igual que se hacía con el servicio militar. Al menos, hasta que la Utopía sea posible… (a pesar, obviamente, de los funcionarios: conservadores hasta la médula, aunque en ocasiones voten a una izquierda que les hace la pelota mejor que otros)

Es sólo una idea la repartir el trabajo del Estado, pues el Estado somos todos, o deberíamos serlo. Porque lo que es ahora, la mayoría, sentimos al Estado como al recaudador de Robin Hood: un enemigo del pueblo.

  • (pdta: por supuesto, existen otros actores que hacen del Estado el enemigo número uno de muchos ciudadanos; hoy tocaban los funcionarios, entre los que tengo buenos amigos que espero no se me cabreen en demasía. Pero una cosa es la amistad… y otra la puta realidad. Y compadézcanse de mí: que nada hay más políticamente incorrecto que meterse con los funcionarios, una verdadera tentación…)

EL PODER DE LAS PALABRAS

LAS PALABRAS SON UN ARMA: HOY SE USA CONTRA LOS CIUDADANOS.

LAS PALABRAS SON UN ARMA: HOY SE USAN CONTRA LOS CIUDADANOS.

El Poder de Las Palabras.

Debo haber perdido el norte hace tiempo. Yo creía que la democracia, nuestra democracia, era al menos el mejor sistema posible. Así se afirma habitualmente ¿no es cierto? Con este razonar nos imbuyen desde que tenemos edad para juzgar asuntos de este cariz. Así, cuando se evidencian los defectos del sistema (la injusticia de la justicia de “pago”, la pervivencia de la miseria que afecta a tantos, los abusos de quienes detentan la violencia legal, el apoyo a despiadados regímenes dictatoriales, la promoción de la guerra en tierras extranjeras, la gran desigualdad social en nuestra patria, etc.) nos dicen que son los defectos inevitables del mejor de los sistemas políticos “posibles”. Lo que nos dicen, en realidad, es que cualquier otra alternativa es imposible.

Otrosí, ¿no habéis escuchado nunca a alguien decir que no hay alternativa al capitalismo, pues ha existido siempre? ¿Cuánta gente cree a pies juntillas que el capitalismo ha existido “siempre”? Piensan: “había moneda y comercio, luego había capitalismo”. Es decir, para ellos -ignorantes sobre historia de la economía- el Egipto de los Faraones, La Persia de Darío, La Grecia de Esparta, La Edad Media europea, la China de los Mandarines, y otros muchos, eran “capitalistas” pues había moneda y comercio. De hecho moneda y comercios los había hasta en la URRS. Un pueblo ignorante tanto en historia como en economía, traga con cualquier consigna simple como la mentada: ¿hay comercio y moneda?… luego hay capitalismo. Algo que a nadie en ámbitos ligeramente cultos se le ocurriría afirmar sin sonrojo, pasa a ser una “verdad” vendida por casi todos los medios y la mayoría de políticos (afines al capitalismo y las ideologías que lo sostienen).

Se inculca una falacia desde muy temprana edad a través de los mismos colegios -sumisos a la versión oficial de las ciencias sociales-, a través de los mass media cuasi monopolísticos, incluso a través del “arte” de consumo (desde las series de la Fox a los dibujos animados más tiernos). Se fomenta la idea de la presunta universalidad del sistema capitalista desde la ideología oficialista, inserta en todos los medios. Cualquier otra opinión es ignorada o satirizada “agudamente” por la farándula paniaguada de los mismos.

Como decía, la presunta ahistoricidad del capitalismo no es más que una chusca falacia para el consumo del ciudadano semiaanálfabeto por su peso en cualquier ambiente mínimamente culto (incluidos quienes lo propagan tapándose la nariz); aunque, fuera de éstos, siga siendo tabú. Obviamente, hay una intencionalidad en tan peculiar –y extendida- interpretación de la Historia. Lo que se pretende es que, cualquier crítica que proponga una alternativa al sistema de poder establecido, nos parezca inmediatamente “imposible” pues no la vemos realizada en el mejor de los sistema “posibles”. Así, cualquier propuesta que se dirija a terminar con las injusticias obvias instaladas en nuestras sociedades, será tachada, enseguida, de utópica. Claro que, cualquiera que se pare a pensar cinco minutos, entenderá que si los antiguos hubiesen pensado de tan conservadora manera, aún vestiríamos pieles y viviríamos en cavernas.

Lo que me sorprende más es cómo, personas con mayores conocimientos de historia y teoría, aceptan que el error se extienda como una mancha de aceite a todas las capas de la sociedad. Si se pretende hablar con rigor de estos asuntos fuera de ámbitos académicos, se nos tildará de utópicos, como ya he dicho, o de algo peor: de “intelectuales” lo que empieza a ser considerado un insulto, que se aplica a quien pretenda llevar este saber fuera de los más estrictos limites del ámbito universitario o cultural. Lo que les ocurre a los “intelectuales” es lo mismo que le ocurre al León del Zoo.: mientras permanezca en su recinto, es un bello animal del que presumir ante los visitantes; pero si escapa de su cárcel y sale a la calle, deja de ser un bello León, y se convierte en una “fiera”.

Las palabras, las palabras…

Las palabras se han convertido, finalmente, en las verdaderas guardianas del orden establecido, del pensamiento único al que es sometida la masa encefálica ciudadana común (esa que ha llegado a tal degradación que se siente orgullosa de llamarse a sí misma clase media: la mediocridad elevada a virtud…) Su manipulación ha transformado nuestra visión del mundo y nuestra historia. En el ejemplo de los intelectuales, que antes citaba, es sangrante cómo funciona: ¿Quién preferiría dejar de ser llamado “intelectual” y respetable académico, para ser una “fiera utópica” o un demente? ¿Quién quiere ser ridiculizado y descuartizado en el circo mediático? Nadie, o casi nadie. Las palabras han instalado el reino de la puerilidad en la cultura mediática; que es, con mucho, la mayor parte de la cultura existente. Que los medios de comunicación estén concentrados en manos de grandes corporaciones capitalistas les ha permitido manipular impunemente el lenguaje -que es tan maleable- y, con él, la visión del mundo del ciudadano medio. De ahí, que ya casi todos creamos a pies juntillas que el sistema “capitalista” ha existido “siempre”. Claro que los faraones eran capitalistas ¿pues no tenían mucho oro, acaso?! Y no te digo los señores feudales, con tantos doblones, de oro también, guardados en sus arcas con los que comprar cuanto que quisieran. Y ¿qué decir de los Mandarines, tan “capitalistas” ellos? En fin…

Todavía recuerdo el asombro que sentí cuando, en los años anteriores a la caída del muro de Berlín, empezaron a usar el termino “la derecha”, de pronto y en todos los medios de comunicación, cuando se referían al del Partido Comunista ruso. Y lo más curioso es que quienes calificaban de “derecha” a los comunistas, eran los medios que habíamos sabíamos de derechas de toda la vida. Imaginad lo curioso que era ver –por poner un ejemplo- a un periódico propiedad de un conde , tildar de derechas a Stalin, Lenin, Mao, o Ho Chi Min, era el caso de la Vanguardia del conde de Godó, o el monárquico ABC. Y lo más curioso fue comprobar que los demás medios siguieron esa tergiversación tan burda del lenguaje, incluso los medios que se llamaban de izquierdas. ¿De izquierdas? Esos medios ya pertenecían o se habían convertido en grandes corporaciones capitalistas o nacieron a la sombra de las mismas cuando el Régimen debió realizar su lampedusiano cambio (como muestra un botón: El País, ese periódico fundado por un senador de designación real en 1976, es decir por el sucesor designado por El Caudillo para sucederle en la Jefatura del Estado en la reforma de la Ley de Sucesión de 1967… ¿de izquierdas?, pues tanto como el PSOE o el bien pagao consejero millonario de Gas Natural sr. González…). El resultado, al pasar unos años es el siguiente: todo aquél que ataque el capitalismo y las injusticias que perduran en los sistemas opulentos de occidente, son tachados de utópicos y de “derechistas”, cuando no de … ¡fascistas!. De hecho, paseando por los blog de economía, en los que participa la “inteligencia” masterizada del sistema –esos incultos que exhiben un MBA Eada, Iese o similar, con el OPUS o los jesuitas detrás- es frecuente ver como se pone en el mismo fiel de la balanza a Franco y a Hitler, que a Stalin o a Mao. Esto, que hubiese levantado las más estruendosas carcajadas en las gentes que vivieron en aquellas épocas, se lo creen, ahora ya, a pies juntillas nuestros jóvenes y no tan jóvenes conciudadanos. El poder de la palabra, ya ven, contra la historia…

¿Cuánto tiempo hace que no veo defender una simpleza histórica como que frente al auge de los comunistas y los socialistas (los de entonces que nada tienen que ver con estos engendros de mercado como el PSOE), las clases burguesas y capitalistas, promocionaron a los partidos fascistas para hacerles frente. Los Nazis, el Fascio Italiano o la Falange Española tenían como enemigos a los sindicatos obreros, a los partidos comunistas y a cualquiera que fuera contra el capital y la tradición (pues no era entonces posible separar ambos). El nacional-catolicismo que sufrimos en España durante 40 años, y que está instalado hoy mismo en el gobierno, es un ejemplo más de ello. Que el monstruo se les fuera de las manos, no quita que cumplió perfectamente la función de aniquilar a los enemigos de la tradición y del capital. A nadie se le hubiera ocurrido entonces decir que Stalin o La Pasionaria eran de derechas. A excepción de algún payaso que buscara causar la hilaridad con sus ocurrencias.

Meterlos a todos en un mismo saco indica, además, la mala conciencia de quienes fomentaron aquellos despiadados regímenes. Y, también, su intención de engañar al ciudadano. Y lo han conseguido. La capacidad de alterar el lenguaje ha demostrado su inmensa capacidad para alterar nuestra mente y, sobretodo, de reducir nuestro sentido crítico. Así, cuando nuestros gobiernos promueven guerras con evidentes fines económicos o energéticos, cuando mantienen magnificas relaciones con tiranos que oprimen despiadadamente a sus pueblos, cuando financian o facilitan el acceso a cárceles secretas donde se practica sistemáticamente la tortura, cuando dedican a unas Olimpiadas el dinero que bastaría para reducir el hambre en países enteros habitados por razas y culturas que no coincide con la suya, cuando observamos todo eso y más, resulta que somos incapaces de “ver” lo obvio: que nuestros gobiernos usan los mismos métodos que los nazis cuando les conviene. Tortura, exterminio, racismo… solo que apenas existen, porque los medios de comunicación los banalizan cuando los realizan los “nuestros”… y los magnifican si son otros quienes los usan o lo parece.

Las guerras las ganan quienes matan mejor, quienes eliminan con mayor eficacia a sus enemigos. Esos son generalmente los que, además de los medios, adolecen de una mayor escasez de escrúpulos. ¿Quién ganó las dos últimas guerras mundiales? ¿Quién se repartió el mundo de la descolonización? ¿Quién eliminó mejor a sus opositores, tanto dentro como fuera de sus fronteras? ¿Quién dedica la mayor parte de sus recursos a la guerra, la tortura y el exterminio? ¿Quién impone su lengua en el Orbe?

¿Quién es el dueño actual de las palabras?

Que tengan ustedes un buen día.

VENEZUELA ES EL MUNDO… (o el Tragapaíses)

si me presento, gano!

Maduro: si me presento en España, gano!!!

Que dice mi amigo el televidente que el mundo es Venezuela. Mi amigo el televidente, como su apelativo indica, se pasa el día pegado al plasma. Deglute series de la Fox, telediarios, tertulias, gacetillas televisivas, programas de investigación periodística, documentales y hasta le cuesta levantarse cuando los anuncios, tan apegado está mi amigo a la pequeña pantalla (de unas 50 pulgadas, creo…)
Pues dice mi amigo que el mundo, últimamente, ha sufrido un cataclismo planetario cuya principal consecuencia es que se ha reducido su tamaño, desapareciendo de él naciones y geografías enteras, siendo tragados por los océanos del olvido o quizá un tsunami de esos que sepultan costas e islas bajo las furiosas aguas que ofendió algún maremoto abusón.
– Pero, hombre de Dios -le digo- ¿cómo va a desaparecer parte del mundo así como así?
– Que sí, que te digo que ya no existe más extranjero que Venezuela, ni más dictadura que la Venezolana, ni más violencia que la que se da en Venezuela, ni golpe de estado, ni guerra, ni acto de terror que no ocurra en Venezuela. Nada sucede que no sea en Venezuela.
– En Venezuela, votan cada cuatro o cinco años, creo… -le interrumpo con afán de cambiar el tercio de la conversación.
– ¡Quía! Que el de la tertulia ese que tanto sabe, dice que no, que en Venezuela no se vota, ni hay partidos, ni existe prensa o televisión que no sean del terrible dictador.
– Ejem… – carraspeo, pero no le interrumpo más; pienso, sin embargo, que hasta el opositor Capriles tiene su propio canal: Capriles TV, y unas diez emisoras privadas más emiten desde Venezuela y otras tantas desde Miami o Colombia, en fin… mejor le dejo que se explaye a mi amigo el televidente, no vaya a enojarse.
– Pero eso no es lo peor, amigo mío -acera la mirada y achica los ojos, que inquietos miran a los lados en busca, quizá, de espías o chivatos- Lo peor, es que Venezuela ha desarrollado un arma de destrucción masiva super eficaz.
– ¡Pero, qué me dices! -empiezo a temer por la salud mental de mi amigo, pero no sé cómo detener su delirio.
– Lo que oyes.
– ¿Y puede saberse en qué consiste esa terrible arma?
– Yo la he descubierto, Josep -sus ojillos se vuelven norias que giran hacia todos los lados, y me susurra- ¿Podemos hablar con seguridad acá? Mira que nos vigilan…
– Tranquilo, el Severo Diletante es seguro… un espacio de libertad -empiezo con mi proselitismo, pero él me corta enseguida. Se nota que necesita hablar, desahogar su paranoia y su preocupación.
– Escucha: ese arma que tiene el dictador Venezolano tiene nombre.
– ¿Cuál?
– Su nombre en clave es Tragapaíses. Gracias a ella todo lo que ocurre en el mundo cabe en Venezuela.
– ¿Todo, qué?
– Escucha te digo las cosas que ya ocurren en Venezuela: se ha bombardeado una ciudad llena de civiles con el resultado de 2.500 muertos, entre ellos más de 500 niños aplastados o asados vivos; se promovió recientemente un golpe de estado contra un gobierno electo con francotiradores pagados por los servicios secretos extranjeros; lueven misiles lanzados por drones que caen sobre las bodas masacrando novios, novias y concurrencias; 2.800.000 niños están en la pobreza con acento español; el paro alcanza al 24 % y la pobreza al 30 % de la población; se tortura en cientos de cárceles secretas y se hace desaparecer a sus presos; se financian golpes de estado y planifican magnicidios; los reyes se embolsan millones en paraísos fiscales mientras sus pueblos están en la miseria; los tesoreros de los partidos del poder acumulan todavía más millones en los mismos paraísos sin fondo; se aprueban leyes para amordazar al pueblo y castigarle si se manifiesta; los medios de comunicación son oligárquicos y organizan grandes campañas contra opositores y regímenes disidentes; los recaudadores de hacienda, con su Jefe a la cabeza, amenazan a los ciudadanos y partidos disidentes; la policía dispara contra los negros que viven en guetos modernos, pero llenos de basuras y miseria como los de siempre; las urbes tienen suburbios para los moros, los negros y demás morenos que rebuscan en los cubos de basura algo que comer…
-¡Calla, calla! ¡Si eso no es en Venezuela! – no puedo seguir escuchando a mi amigo el televidente sin indignarme. ¡Pues no confunde Gaza, Israel, Afganistán, Líbano, Ucrania, Estados Unidos o España con Venezuela!
– ¡Claro que ocurre en Venezuela! -me interrumpe él, molesto por mi interrupción- ¿Acaso no ves los noticieros de España? Todo lo malo del mundo, todas las dictaduras, la miseria, la violencia del mundo ocurre en Venezuela, créeme. Llas naciones han sido abducidas por el arma TRAGAPAÍSES al servicio de oscuros intereses boliviarianos. Sin embargo, el gobierno de Maduro está chasqueado, ja, je, ja.
– ¿Y eso, por qué? -le sigo la corriente, definitivamente convencido de que mi amigo el televidente ha perdido la razón.
– ¡Pues, porque, ahora, toda la mierda del mundo la tiene en casa! Con lo bien que vivían antes…
Mi amigo el televidente ha seguido rato hablando de Venezuela y el arma masiva TRAGAPAISES. Siento pena por él, siempre ha tenido una imaginación muy grande. Y demasiada afición a las tertulias televisivas.
¿El TRAGAPAÍSES? ¡Vaya tontería!

Felipe en la Caverna: cómo se gestó el Regimen del 78.

Felipe Gonzáles en la Caverna El corredor se enroscaba en el subsuelo como una tenia viscosa y húmeda hasta una sala circular de paredes terrosas. En el centro, una tosca mesa de hierro; sobre ella, un teléfono rojo, un cenicero y una libreta. Ocho sillas acolchadas, tachonadas de piel, aguardaban recostadas en la pared cavernaria. Se preguntó si iban a ser ocho los participantes en aquella reunión; tal vez el número de sillas era aleatorio. Quizá sería mejor hablar de sillones, reflexionó, por los apoyabrazos; no tenía claro en qué momento unos escuetos apoyabrazos convierten una silla en un sillón.
El uniformado que le había acompañado hasta allí se dio la vuelta y partió sin despedirse antes de cruzar el dintel de la puerta. Estaba solo; todavía no había llegado nadie y tampoco estaba muy seguro sobre quiénes acudirían a la cita. Ni siquiera conservaba la tarjeta de invitación, el uniformado no se la devolvió, la guardó en la carpeta que sostenía en la diestra en cuanto iniciaron el descenso. Así, que era el primero en llegar. Aproximó una silla a la mesa, se sentó y le vino a la cabeza lo de los apoyabrazos como vienen tantos otros pensamientos, como sin querer. Hacía tiempo que desconfiaba de ese tipo de ocurrencias, aparentemente casuales, que brotan en la mente como setas; tenía la sensación de que ocultan algo. Porque el tema que iban a tratar en la reunión tenía mucho que ver con eso de convertirse. Si una silla con apoyabrazos se transforma en un sillón; ¿qué precisa un pequeño partido político para convertirse en mayoritario, en el gran partido de la nación?, ¿apoyabrazos? Sonrió “perder el sentido del humor no tiene sentido”, se dijo. Pero sin apoyabrazos un partido pequeño como el suyo difícilmente se sostendría en la nueva silla de la democracia naciente. Y él quería prosperar.
Una luz falsa de neón alumbraba la estancia; todo en ella, la superficie de la mesa, el teléfono, la libreta, el cenicero, las sillas junto a la pared y la misma pared, resultaba impreciso. La pared era lo más inquietante, cóncava, sin fisuras; si alguna vez alguien os pregunta cómo será una estancia que sólo tenga una pared sólo cabe dar una respuesta: circular. Fácil. Es curioso en que se entretiene la mente en ocasiones, reflexionó nuevamente Felipe; dejaba divagar la suya atento a los chispazos que pudieran encubrir otras intuiciones. Él era un hombre de acción, rápido, perspicaz, y esas intuiciones eran las que le habían llevado hasta aquel lugar del que pensaba salir con un gran futuro, o con nada. Tenía gran confianza en sí mismo, a cara y cruz siempre ganó; y casi siempre gracias a aquellas intuiciones. Al menos, hasta la fecha. Convertirse era lo importante…
“No, lo importante es lo que se consigue con la conversión”, rectificó mentalmente.
– Veo que ya ha llegado, Sr. González.
Conocía aquella cara.
Henry se quitó las gafas, se restregó los ojos y se las puso de nuevo.
– Se me hace cada vez más difícil dormir en el avión.
Una frase banal, quizá con la intención de iniciar conversación, cada cual tiene motivos para su fatiga que a nadie importan. Felipe apenas había dormido la noche anterior, estuvieron hablando con Alfonso, Benegas y los demás hasta que clareó el día. Tomaron notas de lo convenido tras sopesar diferentes opciones. Unas notas sin firma, sin identificación, sólo para ellos; para que ninguno pudiera decirle nunca a otro que no habían convenido esos puntos. Todos sabían bien de qué iba todo aquello, tampoco era la primera vez que tendría lugar una reunión con alguien del “el Grupo”, pero era la primera vez que estaría Henry. Con él, era la primera vez; al menos, en persona; Wylli, era otra cosa: un viejo amigo que, de una u otra forma, hacía años les echaba una mano y algún consejo: “llegará vuestro momento, tened paciencia” le había dicho en más de una ocasión con su inglés de acento germánico. Después de Suressnes, Wylli les quiso aún más.
– Café, o algo parecido… Henry. Yo también lo preciso, hemos dormido poco esta noche con los compañeros…
Con un leve siseo se desplazó un segmento de la pared de la covacha dejando un hueco tras el que se adivinaba un pasillo. Por él, entró una señora con una bandeja con dos tazas y una cafetera. Dejó una taza delante de cada cual, además de un azucarero y unas pequeñas servilletas, las llenó y despareció por donde había venido.
-¿Es casual?- pregunto Felipe, traicionando su costumbre de dar rodeos antes de abordar ninguna cuestión. Pero acaso no tendría otra ocasión de preguntárselo y quizá pillaba desprevenido al Secretario de Estado americano.
– ¿El qué?- pareció desconcertado o lo simuló, Henry.
– El que nos encontremos primero usted y yo. Antes…
– ¿Y por qué razón iba a ser casual? En algún orden hay que ir llegando, no cree… -educado y ácido a un tiempo, contestó el Secretario de Estado.
A Felipe le molestaba que no le mirasen a los ojos mientras hablaban y Henry tenía la vista perdida en la taza de humeante café.
– Podría ser por que quisiera usted decirme algo, sin testigos… -no estaba dispuesto a ceder ante la astucia o el sarcasmo del judío. Nada era nunca casual. Y menos con tipos como éste.
Henry sorbió y luego levantó el mentón y la mirada. Pareció sopesar algo. Levantó la mano como un guardia en un stop, como indicando que callase.
– ¿Sabe, sr González, qué hemos venido a hacer hoy aquí? ¿Sabe a qué he venido?
Ahora, le pilló desprevenido a él, el tono directo del Secretario de Estado. Henry no había levantado la voz; es más casi había susurrado aquellas frases. Pero a Felipe le llenaron el pabellón auditivo como una explosión. Así que no era casual, no: Henry quería decirle algo sin que los demás estuviesen presentes. Optó por enarcar las cejas y no decir nada; mejor esperar a que el otro se explicase.
– Sr González, como usted sin duda sabe, mi país tiene un gran interés en que la democracia llegue también al suyo…- sorbió café y se limpió los labios con una servilleta- Pero, eso, usted ya lo sabe, claro. Lo que yo quiero que me diga ahora es si esa democracia será amiga de mi país o no.
Debajo de sus gruesas cejas canosas el rostro de Henry quedó imperturbable, hierático. A Felipe el pareció que los ojos del Secretario de Estado, pequeños y profundos, se hacían todavía más oscuros y expectantes. Algo debía responderle, es lo que se esperaba de él, que clarificase sus lealtades.
– Sr Kissinger, si lo que me está preguntando es si España seguirá siendo un país amigo de los Estados Unidos en el caso de que los socialistas lleguemos al gobierno, se lo confirmo. Siempre hemos dicho que nuestro lugar está con la libertad… -Felipe sabía de la debilidad de los americanos por el concepto de Libertad; habían hablado de ello la noche anterior con los compañeros: la libertad, las libertades… -Sr. Secretario de Estado, los españoles salimos de un Régimen dictatorial muy largo y hemos carecido demasiado de libertad como para que ahora no la apreciemos.
– ¿La defenderán con nosotros, esa Libertad?
“Vaya, cuando quiere va al grano” pensó Felipe. Al fin, el tema había salido: y el tema tenía nombre, en inglés NATO, en castellano OTAN.
– Ustedes llevan en su programa, y manifiestan en sus discursos, que no quieren colaborar en el bloque occidental de defensa en el que participamos las demás democracias… -añadió Henry.
– Pero… -le interrumpió Felipe, su olfato le decía que debía zanjar esta cuestión o la reunión de luego apenas tendría importancia- Escúcheme, sr Kissinger; escuche lo que voy a decirle y verá cómo nuestras posiciones no son, en el fondo, tan distantes.
Se miraban a los ojos. El viejo zorro desde la fronda de sus cejas, titilando inteligencia en los ojillos, tras los anteojos de pasta. Felipe, preguntándose -y se lo seguiría preguntando el resto de su vida- si Henry sabía lo que iba a escuchar; si anticipaba sus intenciones. Porque era posible -así lo consideró muchas veces después de aquel encuentro- que el Secretario de Estado americano le hubiera dejado hablar sólo por diplomacia, para que pareciera que aquello no era una imposición; obviamente, sin su apoyo, el PSOE tenía pocas probabilidades de llegar a ninguna parte: 1.500 militantes y 125.000 pesetas de presupuesto… en fin, una miseria si se comparaba al PCE. Necesitaban, sobre todo, dinero. Ganar elecciones cuesta mucho dinero: medios de comunicación afines, asesores, publicidad, convenciones etc.… Sin contar con que deberían fichar a mucha gente que no militaba en el partido, profesionales respetados que como mucho serían meros simpatizantes o vendrían por interés económico. Tras un breve silencio, continuó.
– Escúcheme bien -reiteró-, en nuestro programa electoral, en nuestras manifestaciones texto transicion cavernapúblicas el asunto de la NATO, de momento, debe quedar claro para nuestro electorado. Y nuestro electorado, ahora, no quiere saber nada de la NATO. Demasiados años han apoyado ustedes al dictador, y eso no ha pasado desapercibido para muchos españoles. Sobre todo, para aquellos más activos políticamente. No puedo presentarme a unas elecciones, hoy, diciendo que soy socialista, que represento a la izquierda española y que, al mismo tiempo, quiero que España sea miembro de la NATO. Eso imposibilitaría nuestro acceso al gobierno y sólo haría que reforzar los resultados de los comunistas del PCE.
– Algo que ni usted ni yo deseamos, ¿verdad? -se le adelantó Henry- Vale, veo que es consciente de la situación, sr González. ¿Qué nos propone usted, entonces? Porque ya sabe cuán importantes son para nosotros las consideraciones geoestratégicas. Estamos en guerra con la URSS: y en este conflicto no hay lugar para neutralidades.
– Sr Kissinger, mi propuesta es la siguiente: estoy en condiciones de garantizarle que una vez hayamos obtenido el Gobierno, España entrará a formar parte de la Alianza. Lo hemos hablado, y mis compañeros están de acuerdo en que si realizamos en este asunto un cambio de posición justo tras la euforia que suscitará nuestro ascenso al poder (que muchos españoles sentirán como la auténtica recuperación de la democracia) nos perdonarán ese cambio de posicionamiento. Nosotros representaremos la modernización de España, su secularización y la promesa de libertad, de educación y sanidad dignas: los españoles verán eso representado en mi partido. Para eso necesitamos la ayuda de El Grupo, su ayuda. Dinero y medios. Si nos los proporcionan, tiene Ud. mi palabra, propia y en nombre del partido, de que España entrará en la órbita de sus aliados y, finalmente, en la NATO.
-¿Aceptarán entonces el capitalismo como forma incuestionable de la economía del estado español?
– Bueno, si hemos asumido ya la Monarquía… -evidentemente, pensó Felipe, el americano no quería dejar cabos sueltos-. Además, nosotros no lo llamaremos nunca capitalismo, sino economía de mercado. Ayer, con los compañeros, llegamos a una formulación de este tema para la Constitución que hemos de redactar próximamente, y que vendrá a decir algo así como “Se reconoce la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado. Los poderes públicos garantizan y protegen su ejercicio y la defensa de la productividad” de forma que cualquier veleidad igualitaria quede relegada para siempre por inconstitucional. Claro que deberá parecer que esa cláusula nos la impone la derecha… Eso sí, a cambio, España deberá progresar hasta niveles de vida similares a los de nuestro entorno y definirse, también, como un estado social…
Henry había atendido con seriedad a lo que Felipe le manifestaba, hasta que nombró los de los niveles de vida. Entonces una chispilla de ironía asomó en su mirada.
– ¡Ah, el estado del bienestar! ¡Cómo son ustedes los europeos! ¡Qué manía…! -se acercó la taza a los labios pero la devolvió a la mesa al comprobar que el café se había enfriado- Bien, nosotros no pondremos ningún impedimento al desarrollo de su espléndido y soleado país, por supuesto. Todo lo contrario, nuestras empresas están deseosas de encontrar un mercado nuevo y poder instalarse en él mejor, incluso, que hasta ahora. ¿Tengo su palabra, entonces…?
-¿?
– Sobre lo de la NATO, digo.- aclaró.
Felipe se sintió solemne y largó su mano hacía el americano. Éste la tomo decididamente.
– Tiene mi palabra, se lo reitero.
Tenía sudada la mano cuanto Henry se la devolvió.
– Pues nada más hay que hablar.
– Sobre este tema, al menos…
Se corrió de nuevo una fracción de pared de la caverna, por él entro el General V (eludimos su nombre por cuestiones de seguridad… propia). Con él entró, también, Torcuato. Se saludaron efusivamente con Henry; luego, el civil, dio a Felipe un protocolario apretón de manos. La señorita de antes entró también, añadiendo más tazas y dejando una gran jarra de vidrio llena de café humeante. En un momento, estaban todos sentados en la mesa.
– Hablábamos, General, con el Secretario General del Partido Socialista…
-Llámeme Felipe, es más corto- le interrumpió el secretario del Partido Socialista Obrero Español.
– Bueno; como le decía, General, Felipe me contaba su buena predisposición a que su ejército se integre en la alianza del Atlántico Norte…
El General, que no se había quitado la gorra de plato con las armas cruzadas y las tres estrellas de ocho puntas, le dirigió una mirada cruzada.
– No me fio de estos rojos, señor Secretario de Estado. Y le recomiendo hacer lo mismo. Si le contara yo de las artimañas del ejército de Stalin cuando fuimos los de la División Azúl… -se interrumpió bruscamente, tosió e hizo como que soplaba el café.
Torcuato le había dado una patada al General por debajo de la mesa. Felipe sonrió para sus adentros, “estos generales carecen de don de la oportunidad ¡mira que recordarles a los americanos que fueron aliado de Hitler!”
-Vamos, vamos, General, tiene que ser usted más comprensivo, los tiempos son otros… desde la segunda guerra mundial ha llovido y mucho… – el tono de Torcuato era de suma amabilidad, como si hablase a un niño- Henry, ya ves cómo nos hemos de ver: hay que derruir el edificio sobre el que hemos sostenido el edificio de España durante todos estos años y contenido el avance comunista… no sin vuestra ayuda, lo sé. Pero ahora, nuestros generales, quieren garantías de que ni el separatismo ni los rojos comunistas se nos van a colar por las puertas de la democracia…
– Entiendo, entiendo… – Kissinger, sonreía veladamente; daba la impresión de no tomarse muy en serio casi nada, y menos al general ese tan estirado que le debía recordar a sus colegas sudamericanos, que tan bien conocía.
Pareció que el General V le leyó el pensamiento, cuando dijo,
– No entiendo yo porque no podemos hacer aquí, en España, lo que hacen nuestros colegas en Argentina o mi admirado General Pinochet en Chile, señor Secretario de Estado. Estos socialistas son lobos con piel de cordero. Recuerde usted al malvado Allende…
– Con todo el respeto, mi General -se entrometió Torcuato, y añadió con firmeza-, España no es una república sudamericana. Esto es Europa. Nuestra gloriosa historia es la de una gran potencia europea y nuestra aspiración debería ser volver a serlo. Un país, un Rey, una nación unida bajo una única bandera, mi General. Eso es lo que importa. Pero con elecciones, como en toda Europa. Mire usted a Francia, a Inglaterra, a Alemania o a Italia… ¡votan y no pasa nada! El comunismo no entrará nunca en esos países, jamás gobernará. Y el separatismo que tienen es ridículo: nadie quiere salir de una gran nación europea. Al menos, nadie con sentido común. No, no tema usted, mi General.
– Bueno, bueno… – rezongó, reticente, el uniformado- Veamos, joven, ¿usted está en condiciones de prometerme que no se dejará arrastrar por el Pacto de Varsovia y sus siniestras y ateas intenciones?
– Le prometo, mi General, que mí norte es una España unida y fuerte. Donde reine la libertad y no el libertinaje. Nosotros, aunque a usted le cueste creerlo, somos gente de orden: aceptamos la monarquía, el mercado, la libre empresa… y abominamos del comunismo igualitario. Pero ya sabe usted, mi general -el tono era conciliador y explicativo a un tiempo; Felipe era consciente de que tanto Henry como Torcuato no se perdían palabra- que el pueblo español es indisciplinado e imprevisible. Como un toro bravo, puede tener un momento de furia y cometer alguna barbaridad. Pues nosotros, el Partido Socialista Obrero Español, estamos para evitar que se desmande. Nosotros canalizaremos esa furia y esa inquietud que la muerte del Generalísimo ha causado. Y le prometo, General, que si llegamos al Gobierno de la Nación, serán nuestros Ejércitos respetados y cuidados como nunca lo han sido. Porque queremos a militares como usted, preparados, con visión de futuro…
Dejó en suspenso la frase, temía que el General V se percatase de que le hacía la rosca y fuera a ofenderse.
Entonces entraron Willy y el Banquero (tampoco pondremos su nombre, por lo de la confidencialidad bancaria…). Felipe sintió una mezcla de alegría, la de ver a un amigo al fin, y de relajación. Si el Banquero había venido era porque el tema estaba muy avanzado. Seguramente, cuando salieran, el futuro ya estaría marcado.
– Señor Secretario de Estado, Señores -inició Billy su discurso- Ummh, veo que ya han despejado ustedes las cuestiones estratégicas con mi amigo Felipe. Él es un socialista como yo, como ustedes saben bien. Dispuesto a buscar el progreso de su pueblo sin mermar los derechos de los propietarios, las empresas y los defensores de la libertad frente a los comunistas. Ummh… ya veo… pero tengan en cuenta ustedes que este hombre es todavía joven. Quizás el joven con mayores aptitudes y sagacidad que haya conocido, cierto; pero sin el bagaje de gobierno que todos tenemos.
No estaba nada claro a dónde quería ir a parar su amigo; pero Felipe dejó que siguiera hablando, intentando no irritarse por el tono paternalista que gastaba con él el Canciller alemán. Éste seguía su discurso sin interrupción.
– Pues tengo que decirles yo, lo que por prudencia Felipe no dice: España debe modernizarse, habrá que poner en marcha programas sociales costosos en lo referente a la educación y la sanidad… en definitiva, no se puede pretender que se vayan acercando a la NATO sin pretender que entren a formar parte del Mercado Común. Y eso es más dinero…
Torcuato se removió en su asiento al escuchar hablar de dinero.
– Herr. Brand, tenga usted en cuenta que la oligarquía española no es rica… Si la esquilman a impuestos la economía puede hundirse, los capitales, al sentirse amenazados, huirán del país y con razón…
– Entonces, ¿Cómo piensa usted que el partido de Felipe podrá obrar cuando llegue al poder? Y esté seguro de que llegará; sino, lo harán los comunistas y los anarquistas. A menos que consintamos otro baño de sangre en el Sur de Europa, debemos actuar y ser generosos. En eso estamos todos de acuerdo, ¿no es cierto? -murmullos de aprobación- Conozco a Felipe: ayúdenle y les ayudará. Y denle algo al pueblo español para que los tiempos de revoluciones sean historia ya para siempre.
– Por nuestra parte -intervino Henry, que se había vuelto a quitar las gafas y las sostenía por una varilla con la diestra- puedo asegurarles que las grandes multinacionales no abandonarán el país cuando yo, personalmente, les comunique su intención de integrarse en nuestra órbita ideológica de defensa del libre mercado. Además, les prometo que aconsejaremos a los mercados para que no les falte financiación… engrosando su deuda, naturalmente.
– No tenga usted la menor duda de nuestras intenciones, señor Secretario de Estado- se apresuró a intervenir Felipe.
– Ya, ya…
– Ummmh… veo que adelantamos. Nuestras fábricas de automóviles y de tecnología de electrodomésticos mantendrán sus sedes en España, no lo duden. Facilitaremos a España que sus importaciones a Europa se incrementen, y promocionaremos todavía más el turismo de nuestros compatriotas en su país, cosa que estoy convencido que mis colegas europeos igualmente harán; ya lo he hablado con ellos. Al fin y al cabo -añadió mirando a Felipe con una sonrisa- ustedes tienen el Sol y las mejores playas… y bellas mujeres.
Todos rieron; sin embargo, Felipe observó que Torcuato fruncía el ceño y se dirigió a él.
– Torcuato, por favor, si tiene alguna duda, suéltela ahora.
– Sencillo, Felipe. Todo eso que ustedes dicen está muy bien, claro. Pero hay que realizarlo, y vosotros, Felipe -el tuteo no pasó desapercibido, aunque nadie dijo nada- sois unos desconocidos. Y no todo es prever cómo haréis esa economía del bienestar (por cierto ¿qué es eso?, ¿acaso estáis mal en España?), sino cómo haréis para ganar alguna vez las elecciones. Necesitaréis financiación, tú lo has dicho…
Dejó un largo silencio durante el que nadie dijo nada, sabedores de que Torcuato quería ir a alguna parte. Luego siguió.
– Pero estoy seguro de que tanto el señor Banquero como Henry harán lo posible en ese sentido -los aludidos afirmaron con la cabeza- Pero hay algo más: necesitáis ya un medio de comunicación influyente que os abra paso. En eso, yo tengo gente con mucha experiencia.
– La Vanguardia… – empezó Felipe
– Es catalana y monárquica, ahí no pescaréis un voto. No, lo que vosotros necesitáis es el primer periódico del país…
– Hombre, Torcuato, no creo yo que el ABC…
– Calla, calla -se rió sordamente el representante de la monarquía- El ABC es lo que es y lo seguirá siendo por mucho tiempo. No.
– Pues no veo yo periódicos hoy en día…
– Hace tiempo que trabajo en la idea de un gran periódico de la izquierda moderada. Como los hay en Francia o en Alemania o Italia… Se llamará El País, he hablado con Spottorno y se pondrá inmediatamente a ello. En poco menos de un año, creemos que puede ser el segundo en tirada. Fichará a intelectuales reconocidos próximos a las ideas socialdemócratas y les dejará opinar lo que quieran. Pondremos al frente a los mejores profesionales educados en EEUU e Inglaterra; españoles progresistas moderados todos. Por otra parte, abriremos todavía más la mano en TVE en los programas de debate: es necesario culturizar al pueblo para que acuda convenientemente a las elecciones.
Felipe no salía de su asombro: el hombre del Rey, el de la prensa reaccionaria, le regalaba un periódico para que le apoyase. Siempre había tenido a Torcuato como un contrincante inteligente, lo que no se esperaba era encontrarse con un compañero eficaz.
– España necesita dos grandes partidos, como cuando la Restauración con Cánovas y Sagasta. A eso hemos venido hoy aquí. Obviamente los tiempos son otros, pero el Rey y yo mismo estamos dispuestos a defender ese modelo democrático. ¿Y ustedes?
Murmullos de aprobación. Todos afirmaron que su idea era exactamente esa. Felipe observó, una vez más, que el General era el menos entusiasta.
– Vamos, General, que España está a salvo de rojos y masones. No se preocupe, hombre. -Henry parecía haber observado lo mismo que Felipe y le hablaba así al General V. Se notaba que tenía mucha experiencia en el trato con militares fascistas.
Hablaron de más cosas durante un rato. Primaban las consideraciones generales y cierto buen humor, aunque al general seguía sin vérsele muy convencido. Se citaron para sucesivas reuniones y contactos para concretar detalles y flecos que pudieran surgir; pero lo importante ya estaba decidido: España sería una monarquía capitalista, constitucional, con dos grandes partidos turnándose en el poder y con los medios de comunicación controlados.
Cuando se despidieron, Felipe tenía la seguridad de que Henry se iba satisfecho. Y así se lo dijo.
– Verá, Felipe -le contestó el americano- da gusto hablar con ustedes. Vengo de una gira por Sudamérica, Argentina, Chile y Paraguay… allí todo es distinto, todo se exagera y las reuniones nos obligan a tomar decisiones difíciles, incluso crueles… allí los socialistas y comunistas, sí son un peligro. Lo dicho, un placer…
Cuando sus manos se separaron Felipe se dio cuenta de que ya no sudaba.
Tuvo la certeza de que no volvería a sudar nunca más.

TRÉbOL DE VANIDADES

TREBOL DE VANIDADES CARTAS¿Hay alguien que no haya pensado esta última semana en lo penosa que se está convirtiendo la política en este país a causa de estos personajes? La vanidad, el afán de notoriedad y el apego al cargo parecen primar sobre cualquier otra consideración.

Hasta ayer, pensaba yo que, como el caso de Tania, hay pocos. A esta señora, que sufre de un evidente complejo de guapa -que lo es-, le gusta figurar más que a un niño un caramelo. Nos lanza un discurso sobre la democracia interna del partido pasando olímpicamente de las sospechas aparecidas sobre su actuación como política profesional -concesiones a familiares y genética nepotista-. Tania acusa de machista a quien mente su relación con Pablo (¡acaso no valemos las mujeres por nosotras mismas!, se indigna ella con boquita de piñón…); pero sabe -¡vaya si lo sabe!- que la verdad es que si no resultase que es la pareja del personaje del momento su pegada mediática no sería ni la mitad de la que es. Y ahí es donde radica su desprecio al partido al que pertenece (dejando de lado otras versiones conspirativas más o menos verosímiles): en el fondo de su alma esta convencida de que su cargo no sólo se lo debe al voto de sus correligionarios de IU, sino que ella vale mucho por sí misma precisamente por esa pegada mediática (¡si hasta es tertuliana, como Pablo!).

Para ella, sus compañeros de IU lo deberían haber sacrificado todo -incluida la honra- a su preciosa imagen plasmática. Para ella, las sospechas sobre su actuación como política de larga trayectoria “profesional” en su concejalía -donde fueron favorecidos familiares suyos con su propia rúbrica- deberían haber sido ignoradas. Sus compañeros deberían plegarse a la siguiente proposición: todo discurso contra la corrupción y la limpieza de los políticos no va con Tania, sólo vale para los demás. Eso es lo que piensa ella, por supuesto. Y eso es lo que debía estar pensando cuando tramó su espantá, “¡pues me voy!”, dando el portazo y convocando a toda prisa a las cámaras, los periodistas y sus tertulianos para recitarles la lección. Ella está convencida de estar por encima del partido, de que el cargo es suyo. ¿Porque la votaron?, no: porque es guapa (con perdón) y plasmática (más perdón). Vivimos tiempos de líderes guaperas, con imagen y sin ideas. O, todavía peor, que desprecian las ideas. Una gran YO lo sobrevuela todo: el culto al líder no es solo un defecto de los coreanos del norte, salvas sean las distancias. Así que Tania agrede a sus compañeros, se carga al partido que la ha amamantado -a ella, y de paso a su papá y a su hermano- porque la han pillado en un renuncio y hay compañeros que no quieren pasar la vergüenza por ella. ¿Dónde irán los votos que su arrogancia va a quitarles a sus ex correligionarios de IU? La mayoría a la nada absoluta, y otros a Podemos, casualmente…

Veamos al otro componente de nuestro trío: ¡ay, Monedero! Monedero es un tipo legal, creo. No ha defraudado a Hacienda. Eso sí, le han pillado dándole a la ingeniería fiscal, a la contabilidad de diseño, y le hemos visto el plumero porque los malos lo han pregonado a bombo y platillo. ¿Y qué hizo cuando supo que le iban a publicar las cuentas?: pues una complementaria, como ese autónomo al que el fisco le ha pillado una factura “olvidada” en el cajón y sin declarar. Eso es legal. No hay delito, y sabe Monedero que no se lo podrán imputar. Hasta ahí, obviedades. Pero ¿le hace algún favor a Podemos -ese proyecto colectivo, se supone- que, en esta situación, se empeñe en seguir en primera línea? Pues, evidentemente, no. La ingeniería fiscal puede ser legal, pero es inmoral. Sobre todo, en alguien que predica la regeneración de la política y que clama contra quienes meten la mano en la caja de todos. No es coherente que alguien que lleva tiempo representando el papel de defensor de los desheredados, que se despeina cuidadosamente, que viste con afectada humildad, resulte que tiene los euros en la cuenta por cientos de miles. No, amigo Monedero, no, eso no es coherente. Y le quitará -ya lo ha hecho seguramente- un montón de votos a quienes se esfuerzan en conseguir el poder para cambiar precisamente eso: que nos manden políticos que tiran de ingeniería fiscal para meterse la pasta en la propia cuenta (aquí o en Suiza, tanto da) ¿Por qué, entonces, no se retira del cartel electoral de la formación? Yo os lo digo: como a Tania, a Monedero le gusta figurar. No le basta el reconocimiento de los suyos, no: él quiere salir en la tele, en las portadas de los periódicos y tocar poder, mojar un poco. Porque Monedero -y los que son como él- prefieren mojar un poco en la oposición a que los suyos ganen sin él. Una vez más, la vanidad. Dinero ya tiene: eso, ahora, lo sabemos.

El último caso, el de Tomás Gómez, viene de lejos. Éste está apoltronado y tiene al partido pastando en la oposición, tras ir perdiendo elecciones una tras otra, en Madrid. Evidentemente, Tomás prefiere ser el jefe de un Psoe madrileño en la oposición, que mirar desde la barrera cómo el partido gana las elecciones sin él. Tomás es un verdadero enamorado del poder, se le nota en el gesto austero, en la agresividad de sus ojillos negros, que hieren hasta cuando sonríen y en el rictus de sus labios comprimidos. Tomás apenas se despeina, espera que lo hagan por él sus allegados. No gesticula, lo hacen los suyos por él. Pero cuando habla, amenaza.

El pobre Zapatero se arrugó ante él cuando las últimas elecciones. Todos sabían que Tomás no era caballo ganador -y menos frente a la curtida yegua del PP, pero él quería figurar, que nadie le hiciera sombra. Zapatero -y muchos militantes- estaban convencidos de que Trinidad Jiménez tenía muchísimas más posibilidades que Tomas. Pero él frunció los labios, apretó la quijada y movió a “sus” militantes -los suyos y de nadie más- para que gesticulasen y vociferasen como marionetas; amenazó con montar un escándalo. Y Zapatero se arrugó, sí. Y los madrileños tuvieron PP otros 4 años. ¿Creía realmente Tomás que podía ganar esas elecciones? Seguramente sí: como Tania, como Monedero, su YO es muy grande. Tanto como su vanidad.

TREBOL DE VANIDADES SOMBRA AZUL1Tres grandes vanidosos. No son los únicos; en la política, como en otras actividades, hay muchos más. Estos tres, sin embargo, tienen algo en común: están convencidos de que el partido y el proyecto deben estar al servicio de su vanidad, de la impecable belleza de sus facciones y su inteligencia tan superior a la de los demás mortales. Y se les nota. Están convencidos de que el partido existe sólo para ellos, de que es, en cierta forma, suyo. Por eso, como en el tango, les cuesta poco decir aquello de “la maté porque era mía”. Porque los votos, para ellos, son sus votos. De nadie más. Y el proyecto es “su” proyecto.

Imposible razonar con egos de ese calibre: no se les puede explicar que no se trata de si son o no merecedores de una condena judicial o de una imputación, sino de que cargan la sospecha sobre los demás.

Les importan un carajo los votos que le costarán a sus compañeros: sienten un desprecio soberano por el esfuerzo de aquellos cuyo objetivo es ganar unas unas elecciones y no un pase de modelos. Para ellos es lo mismo. Común es la vanidad. Un trió de vanidades en un campo de vulgares tréboles de tres hojas solamente.
Tréboles de envidia, de ambición, negros como la tiña.

La Paloma Rebelde

y tú  ¿volarás?

    y tú……. ¿te atreverás a volar?

Una miguita de pan en tiempos de escasez, mmm… Claro que estÁ en otro tejado, no sé si debo… Me tiene dicho el palomo jefe que no vuele más allá de nuestro edificio, que cruzar la calle hasta el tejado de enfrente me traerá los males del infierno. Pero hace días que nadie tira migas de pan en nuestro tejado y nos hemos de conformar con algún que otro gusano repugnante. ¡Qué hambre, dios!
Hace un día estupendo, ni una nube. No amenaza ni lluvia ni granizo, ni sopla demasiado viento; sólo una brisa ligera, alegre como un arrullo infantil. No veo yo qué peligro puedo correr por volar sólo unos metros. Además, el palomo es un tipo antipático, cada día me fio menos de él. Mientras nosotras nos estamos quedando en los huesos, a él se le ve cada día mejor, más lustroso y henchido.
Claro que… ¿y si tiene razón el palomo? Podría haber alguien -un cachorro humano de esos que tanto gritan, por ejemplo- con una escopeta de balines acechando. ¡Debe doler mucho que te acierten con un balín de plomo en toda la pechuga!
Pero… ¡tengo hambre, jolines! Uy, qué fina me ha salido la queja. Es que antes de que empezaran a escasear la miguillas de pan yo era una paloma muy fina. Incluso algo pija. Entonces, el palomo me caía bien, incluso. Era el más guapo y fuerte y sus plumas olían mejor que ningunas. Claro, que él se comía las mejores migas de pan, pero las migajas que sobraban llegaban para todas las palomas. Bueno, para todas, todas, no: algunas ya vivían en los márgenes más sucios del tejado; a esas las despreciábamos. Y fíjate cómo estamos ahora, todo el tejado está cubierto de suciedad, de vómito de gusano indigesto, y las paredes arañadas porque las hay que, a falta de otro alimento, comen yeso. Hoy, todas vivimos en los márgenes del tejado porque el tejado es en sí un gran margen… del casoplón del palomo. Él sí que vive bien, tiene siempre acopio de migas. Pero no las reparte porque dice que ha de estar fuerte para protegernos de nuestros enemigos.
Hace tiempo que unas cuantas empezamos a reunirnos en la sombra de una chimenea, donde se nos ve poco, para pensar cómo hemos llegado a esta lamentable situación y qué podemos hacer,. Hace unos días, la paloma más vieja nos preguntó en voz alta si alguien sabía quién es ese enemigo, y todas la miradas se dirigieron al centro del tejado, al casoplón del palomo. Nadie dijo nada, ninguna paloma elevó la voz, no fuera que el palomo la escuchara. Se gasta muy mal genio el palomo. Pero salimos de aquella reunión más taciturnas que nunca; incluso con cierto rencor, diría. Las palomas somos de natural buenas y confiadas, pero el hambre aprieta. Temo que pueda ocurrir alguna desgracia si ese rencor crece todavía más. O una revolución, aunque las palomas no somos muy dadas a las revoluciones.
Mmmm, casi la puedo oler, esa miga de pan en el tejado vecino. Sólo tengo que olvidar las advertencias del palomo, dar un salto con un poco de impulso, batir las alas sobre la calle, volar. Voy…

(Pdta: ignoro cómo terminó la historia de aquella paloma. Yo sigo en el tejado, acoquinado por el palomo. El autor.)

Tic tac, tic tac… ¿es tiempo de rectificar?

TIC TACCuando hace unos días oí a Iglesias remachando eso del “tic tac, tic tac” en varios foros me provocó dos impresiones: primero, el lema, me pareció una ocurrencia algo infantiloide y ridícula; luego, caí en que se trataba de un burdo slogan publicitario. De hecho, la primera ocasión en la que lo escuché, le presté escasa atención y pensé que se trataba de un patinazo estético de Iglesias. Por tosco e infantil. Y por la gestualidad con que acompañaba la onomatopeya. A la tercera o cuarta repetición -tertulia, telediario, entrevista y mitin- ya supe que se trataba de un meditado slogan salido de la factoría política de Podemos: “tic tac, tic tac, sr Rajoy”, “tic tac, tic tac, ppsoe”.

Se supone que tic tac para el “cambio”. Porque el “cambio” es el otro gran slogan que sostiene Podemos. Sin embargo, está muy gastado: le sirvió igual a Felipe como a Aznar. El “cambio” es el slogan que se dirige siempre a quienes están insatisfechos con lo que hay: es el slogan de la oposición; igualmente válido para la derecha, cuando dominan las izquierdas, que para la izquierda, cuando es la derecha quien ostenta el poder. Suponiendo que en esta segunda restauración borbónica podamos hablar de izquierda y derecha, cuando nos referimos al Psoe y al PP.

¿Me pregunto cuánto tiempo se estrujaron la mollera los chicos de Podemos hasta destilar este slogan? Me imagino una habitación sin humo -entre estos los ha de haber furibundos anti tabaco-, dándole vueltas al asunto. “Necesitamos un slogan, ya”, diría uno; “algo pegadizo, oyes, como la canción del verano” apostillaría otro, “y que nos dure hasta las elecciones generales”, añadiría un tercero. Y estos chicos, que son señores técnicos en mercadotecnia política y doctores, saben que un slogan debe reunir algunas cualidades básicas: en primer lugar debe ser breve, para que se pueda recordar y repetir fácilmente; luego, debe hacer que el consumidor se sienta bien con él, que le avive un deseo y augure su satisfacción; también debe diferenciarse de otras propuestas, es decir, que de alguna forma nos debe identificar.

“Tic tac, tic tac” pues sí: parece que cumple con esos requisitos. Es breve, fácil de recordar y contiene algo que hace que su consumidor se sienta bien y anticipe el cumplimiento de algún deseo, me dije. Pero ¿qué deseo es ése? El lema se dirige a ciertos instintos básicos los excita y también los revela: ahí es donde entra la gestualidad.

Porque la gestualidad -sobre todo la del líder- es importante. Hay muchas maneras de decir “tic tac”, pero la gestualidad, la carga, la pone cada cual a su manera. Iglesias pronunció ese “tic tac” de forma tajante, contundente, enarcando las cejas, como si cada segundo acuchillara el tiempo que le queda al enemigo, acortando su vida, llevándole a la destrucción final. “Tic tac, amigos, la aguja del reloj hiende la yugular del ppsoe, de los corruptos, de los ricos, de los culpables de la miseria en la que nos hallamos. De quienes cada día viven mejor mientras nosotros nos hundimos en la indigencia un poco más cada día: ¡pero ya llega su fin, tic tac, tic tac!”. Más allá de la mera onomatopeya del reló, la carga está en la gestualidad, esa carga.

Me imaginé a Iglesias ensayando ante el espejo, grabándose un selfie video varias veces, como un actor, valorando el gesto, componiéndolo, modulando la voz, con la boca abierta unas veces, francamente, otras entre dientes como quien rabia y escupe una amenaza; eligiendo la composición del gesto en el rostro, la mirada, la gestualidad de las manos… Me lo imaginé visionándolo con sus compañeros, comentándolo, aportando ideas sobre el gesto y la voz más eficaces.

Entonces, eché a faltar otro slogan al que muchos le tenemos cierta añoranza de un viejo profesor cordobés: “programa, programa, programa”, decía aquél. Compraré el uno con el otro -comparar es tan humano, ya se sabe-, y enseguida me di cuenta de que lo que estaba comparando es la imagen que uno y el otro tienen de su auditorio, de aquellos a quienes se dirigen cuando hablan. Imaginé dos multitudes, una repitiendo “tic tac, tic tac” y otra exigiendo “programa, programa, programa”. Y tuve la imagen del pueblo que cada cual tenía en la mente. El primero -tic- me pareció el slogan de un soberbio que menosprecia al pueblo, un pedante sabihondo que elabora “contenidos” para consumidores de whasaapp, sms y demás (analfabetos sobreinformados que decía cierto profesor , aunque yo prefiero la categoría de analfabetos sobreinformatizados-), quienes viven de la imagen ante todo, o del estribillo musical de los 40 principales; mientras que el otro, el de “programa, programa, programa” me invitaba a leer algo, a la reflexión previa a la acción; alguien que me respetaba y me hablaba desde la humildad y el sentido común.

Y sentí cierta nostalgia de cuando la política era tertulia, confrontación de ideas y respeto a los compañeros. Desde hace mucho tiempo tanto el Psoe como el PP denotan – en las palabras y en el gesto- lo mismo: la absoluta convicción de sus líderes de que el pueblo es absolutamente idiota; o dicho en lenguaje más actual, que es, ante todo, un consumidor; que igual que consume un samarthfhone sin precisar entender su funcionamiento, vota una opción política sin conocer sus ideas o su programa. La chusma es ante todo emocional y a sus emociones hay que dirigirse, tic tac, tic tac.

Quiero pensar que el slogan de Iglesias es solo un patinazo; quiero pensar que no se le ha subido el éxito a la cabeza a estos chavales: porque para hacer política desde la soberbia ya hemos tenido a Felipe, a Josemari y a Mariano.

Tic tac, tic tac ¿es tiempo de rectificar?

Aquí lo dejo, por hoy.

El Relativismo y el voto

Cañón rtz-1Nada tiene mayor trascendencia en la vida de las personas que su situación económica. Es desde esa plataforma que juzgamos al mundo, a la gente y a nosotros mismos. Es el prisma con el que juzgamos la “realidad”, tanto lo que tenemos más cerca como lo más alejado de nuestro entorno. Amanece distinto para quien tiene el estomago lleno de mantequillosos croissants, que para quien empieza el día con un sorbo de agua escasa y sucia. El entorno decide por nosotros lo que nosotros creemos de él. ¿Es eso así? Parece evidente. Y si lo es, ¿por qué molesta tanto a algunos este razonamiento? ¿Quiénes son esos a quienes tanto molesta reconocer que son producto de su entorno económico social?

Respondo ya y nos ahorramos circunloquios innecesarios: son enemigos acérrimos a tal razonamiento toda clase de esencialistas: desde los religiosos a otros fundamentalismos dogmáticos . Baste recordar cuán peligroso le parecía al anterior Papa de Roma el “relativismo” que afecta a las sociedades occidentales. Desde Joseph Aloisius Ratzinger (alias Benedicto XVI) que alegremente hablaba de la “dictadura del relativismo” a Jorge Mario Bergoglio (alias “Francisco I”) quien afirma que estamos “marcados por el relativismo, en los que parece que no hay nada definitivo… -que aleja a los hombres de la verdad-… que es Cristo”. Dejando de lado otros dogmatismos -que cuando no tienen que ver con Dios, tienen que ver con la Raza o cosas similares y generalmente son popurrí de todas ellas- en el caso de los Papas y sus seguidores el dogmatismo es malo porque niega LA VERDAD, es decir “su” verdad. Tema sabido, incluido el estado paradójico de estas iluminadas mentes que son capaces de decir que el dogmatismo nos hace libres, mientras que la tolerancia nos hace esclavos: desde aquello de justificar a los ricos y opulentos entrando por el agujero de la aguja por la que no iba a pasar un camello, las diversas iglesias se han dedicado a retorcer el lenguaje para justificar todo lo que tenga que ver con el hecho incuestionable de que esta vida anda llena de injusticia y convencernos de que lo mejor, ante ese estado de cosas, es la santa resignación. Mientras, ingresan sustanciosas muestras de generosidad de los más favorecidos por la fortuna para mantenerse en la cúspide de la Verdad: el brujo y el jefe de la tribu, como siempre, van de la mano.

Así que los dogmáticos e intolerantes son los defensores de la Verdad (una e igual para todos, nos guste o no, incluidos los disidentes tras algún electroshock si es preciso) Los defensores de quienes tienen pasaje al otro lado del agujero de la aguja son, como digo, verdaderos enemigos del relativismo. Es decir, están dispuestos a declararnos herejes a quienes sostengamos lo que al principio sosteníamos: que las personas somos producto de nuestras circunstancias (en lo que estarían conformes desde Ortega a toda la Escuela de Frankfurt y la mayoría de quienes aplican el mero sentido común y se dejan de esencias miríficas).

Hay que admitir que muchos dogmáticos lo son de buena fe. Generalmente, gentes sencillas, humildes, que acatan las enseñanzas y cuentos de evangelios y Biblias que cuando eran pequeños les enseñaron, desde la dulce abuelita frecuentadora de rosarios, al severo sacerdote del colegio y la catequesis. De estos hoy no voy a hablar: es su derecho el sentirse en conexión directa con el Espíritu Santo, la Virgen María o Santa Bárbara, si pueden. Y como uno es un relativista redomado -o un historicista o algo así- pues respeta a estos todo lo que se les puede respetar (excepto cuando pretenden ordenarnos la vida a los demás cual fundamentalistas, a lo que no tienen el mínimo derecho. Cada cual, en su casa, haga lo que quiera ¡faltaría más!)

Pero, hay otros que no pertenecen a esas almas cándidas y bienintencionadas a las que me acabo de referir. Esos, son los Jefes. Son los que saben perfectamente que el relativismo es su enemigo. El enemigo que cuestiona sus privilegios, el enemigo que les disputa sus derechos “naturales” o adquiridos. Esos son los esencialistas que quieren limitar nuestras libertades porque nunca las han querido para los demás: esos mismos a quienes hubo que arrancarles los derechos que hoy disfrutamos en algunos países, imperfectamente si se quiere, pero nuestros y que son la joya de la menguante calidad democrática de nuestras sociedades. Y esos, casi siempre, están en el mismo lado del hemiciclo: en el de la derecha. (Bueno, Bono estaba con los otros…) Esos son los que nos quieren en misa, con internet controlado, con los humoristas en la Audiencia Nacional, los sindicatos acosados cuando no comprados, y los manifestantes aporreados y multados por cuestionarles sus sagrados derechos eternos y cantarles las cuarenta en la calle o delante del Parlamento (ese que ellos han convertido en su Circo particular)

Esos son los que tienen los ministerios llenos de amiguetes afines a esa Secta que tanto gustaba al Dictador. Esos son los que hablan de Libertad sólo porque son liberales en lo económico. Porque saben que para ser liberal en lo económico es preciso ser conservador en todo lo demás: para que no se les revolucione el rebaño.

En fin, que si Dios existe, no puede ser tan malo ni frecuentar tan malas compañías. Digo.

Venía hoy dispuesto a hablar del historicismo, pero me ha venido a la memoria alguna aseveración de Benedicto VXI sobre los males de relativismo y no me ha quedado otro remedio que recordar a los mejores amigos de la Iglesia Católica Apostólica y Romana: los ricos. Como muchos envidio a quienes viven el milagro de la Fe: su vida debe ser mucho más sencilla al disponer de una explicación para todo (si Cristo es en sí mismo la Verdad ¡de ahí al Cielo!). Y les respeto.

A los otros, a los que usan los dogmas que la Iglesia les proporciona para atravesar el agujero de la aguja con sus camellos cargados de oro, misiles y dólares, a esos les deseo que realmente Cristo tuviera razón y que los mande al infierno, si es posible. Pero, como no creo que lo vaya a hacer -al menos, en vida- mandémosles nosotros a la oposición, que ya es algo, en las próximas elecciones. Podemos hacerlo, mientras nos dejen votar.

Es mentira, es mentira: ellos NO son Charlie Hebdo.

mani grande parisMi sentido homenaje a esos héroes de la Libertad de Expresión (ellos sí verdaderos Luchadores por la Libertad) asesinados vilmente por unos fanáticos en Paris la semana pasada. Siento que ese homenaje no pueda ser extensivo a los jefes de Estado que acudieron a esa manifestación.

¿Qué tenían en la cabeza los dirigentes europeos que fueron a la manifestación de París? Yo apuesto por algo parecido a lo de la foto de arriba.

Vale, algunos pensarían en urnas, en contratos suculentos, en… bueno, en todo eso, también.

Y, por lo que hemos ido viendo esta semana, todos pensaban ya en recortar la libertad de expresión y controlar la privacidad de los ciudadanos. Más control, es decir: más poder para ellos y sus amos.

Como europeo, es tanta la vergüenza que me causa el espectáculo de  tanta hipocresía junta marchando al frente, que me cuesta hilvanar el discurso, lo confieso.

En esa manifestación, en primera línea, había personas que han ordenado bombardear ciudades llenas de civiles, en Libia, en Irak, en Afganistán, en África, en Somalia, en Palestina, en Líbano.

En esa manifestación estaba el responsable del asesinato a misilazos de 2.500 civiles (entre ellos más de 500 niños!) no hace ni un año.

En esa manifestación estaban lo que bombardearon Tripoli apenas hace dos años.

En esa manifestación por la libertad de expresión estaba el inspirador de la Ley Mordaza.

En esa manifestación estaban los que callan cuando lo que mueren son morenos, tienen el pelo ensortijado y habitan países musulmanes.

¿Dónde estaban estos tipos cuando esos mismos fanáticos terroristas entraron en una escuela, apenas hace un mes, y asesinaron a 170 niños en Pakistán?

victimas civiles libia¿Dónde estaban estos tipos cuando Gaza se convertía en un río de sangre infantil, hace apenas 8 meses?

¿Dónde están cada vez que se vierte la sangre a raudales en todo oriente medio, donde vale más un litro de petróleo que la sangre de un inocente?

Dicen de los musulmanes que son una cultura que no respeta nuestros valores. Es posible, pero ¿es “respetar” a alguien bombardearlo con decenas de miles de misiles, quemando vivos a sus hijos, a sus mujeres, ancianos, trabajadores…? ¿Quién respeta menos a quién, el que más y mejor mata o el que menos… o los que son meros civiles que nada quieren saber de esas cuestiones y llenan ciudades como Bagdad, Tripoli, Mosul, Beirut, Gaza? ¿Qué matemática perversa es la que nos lleva a contabilizar un muerto “nuestro” -¡ay!- por decenas de miles de muertos “suyos” -¡ay!-? Dímelo tú, si puedes….

Es mentira, señores, es mentira: Ellos No son Charlie Hebdo. Eso es mentira.

Ellos son los patronos de la miseria, de las bombas, de la muerte y la explotación.

Ellos son lo peor de la cultura europea, porque su presencia en esa manifestación es un verdadero escarnio a los Derechos Humanos.

Ellos son una vergüenza para todos nosotros, ciudadanos de una Europa que pretendió ser patria de la libertad y faro de los Derechos del Hombre y de la Ilustración; y que ellos han hecho pequeña, mezquina y sierva de intereses inconfesables.

Me avergüenza el marketing televisivo de estos días que vende a estos tipos cual héroes de la libertad, cuando son artesanos de las cadenas.

Esta semana muchos son Charlie Hebdo, no lo dudo, muchos hombres y mujeres de bien, en Europa y en otros lugares del mundo. Ellos no; los intransigentes, los hipócritas, los que urden planes secretos sobre cómo cargarnos con más cadenas, los que desprecian a los muertos según sea el color de su piel o su ideología o religión, esos NO lo son.

En fin, no estoy de humor esta semana para mas.

Así que dirán ustedes si la imagen que encabeza mi artículo de hoy les parece un chiste. A mí no. Sólo me produce tristeza… y, conociendo de lo que son capaces estos “lideres”, mucho miedo.

Para finalizar, no me resisto a hacer un corta y pega de la Wiky que tenía seleccionado antes de ponerme a escribir este artículo. Leedlo, vale la pena, y luego planteaos si además de los fanáticos fundamentalistas no tenemos peores terroristas, también, entre los “lideres de occidente”.

Y si no peores, mucho mejor armados.

Hasta la próxima semana.

Sobre la implicación de EEUU -y otros- en la financiación y promoción del fundamentalismo islámico, en sus orígenes y luego (de la Wikipedia al buscar “Reagan luchadores de la libertad:
“De acuerdo con el entonces Consejero de Seguridad Nacional Brzinski (EEUU), la ayuda de la CIA a los insurgentes en Afganistán fue aprobada oficialmente en julio de 1979.9 La yihad fue incentivada por la administración Carter y la administración Reagan y la  proveyeron de armamentos, equipos modernos, recursos y demás pertrechos a los muyahidines. EE. UU gastó con los muyahidines hasta aproximadamente 40 mil millones de dólares. El presidente Reagan dijo de ellos:
«Ver los valientes afganos luchadores por la libertad contra modernos arsenales con simples armas de mano es una inspiración para aquellos que aman la libertad.»
Los muyahidines afganos recibieron refuerzos extranjeros: hasta 35 mil yihadistas internacionales reclutados por la CIA combatieron en Afganistán contra los comunistas. El más famoso fue Osama bin Laden, de origen saudí , quien creó en esos años su red Al Qaeda como una coordinadora de inteligencia de los muyahidines.
Algunos jefes muyahidines utilizaban el dinero de la CIA para recompensas a sus combatientes según el tipo de víctima: matar un soldado enemigo: 250; matar un docente: $750; matar un clérigo no-extremista: $2500; derribar un avión civil o militar: $25000. Otros, como Gubulfin Hekmatiar, pagaban en moneda local: por soldado muerto, entre 5 y 7 mil afganis; por militante delPartido comunista, entre 10 y 15 mil; por oficial del ejército, 30 mil…”
SIN COMENTARIOS.

(Pdta: Igual sucedió EN IRAK, LIBIA, SIRIA; sólo cabe recordar que el EI es una evolución de AlQaeda en Irak, donde no había fundamentalistas antes de la guerra con EEUU; podríamos entrar también en las ayudas recibidas por estos fanáticos en esos lugares donde el enemigo eran Sadam, Assad, Gadafi y otros, en general laicos, pero que no se quisieron someter a los intereses del dólar. Y es cierto que esos señores no eran muy demócratas; pero más cierto es que lo menos democrático que te puede suceder es que te lluevan misiles del cielo a capazos y que quemen vivos a tus hijos y familiares…)