Tortura y la boquita de piñón.

tortura1 copia¿Se han preguntado ustedes cómo somos capaces de ver a Obama excusándose por las inhumanidades perpetradas por sus esbirros y no vomitar inmediatamente? ¿Cómo seremos capaces de acudir a las urnas y echarles nuestra papeleta a políticos que ante la evidencia del terror americano explícito apenas abren la boquita de piñón para entonar un “buenooo…”?

¿Qué diríamos si quien institucionalizara la tortura, quien practica el terror, quien mantiene cárceles “secretas” peores que las mazmorras de la Inquisición, quien entrena científicamente a sádicos de otras naciones para que torturen y hagan desaparecer opositores propios y ajenos, fuera Maduro, o Hassad o Gadaffi (epd) o Chavez (epd) o Kim Jon Un o Xi Jinping o …? ¿Qué dirían nuestros telediarios, nuestros políticos entonces? ¡Nos iban a dejar sordos con sus proclamas farisaicas sobre la democracia y los derechos humanos! Nos iban a atronar los oídos hablando de los crueles dictadores (metiendo en el mismo paquete a algunos que, como Maduro o Chavez, han sido elegidos en votacionesrefrendadas por observadores internacionales, incluida la asociación Carter) o dictadores como Ki; mientras se hacen los despistados sobre General Sisi, el Mossad, o Hassan.

Ah, pero cuando la crueldad y el terror se ejecuta por orden expresa del Gran Jefe americano, entonces nuestros políticos se limitan a musitar excusas; o a disimular repugnancias, los más sensibles. Nuestros políticos, a quienes hemos votado.

No hay peor delito contra el ser humano que la tortura. A su lado el asesinato, la ejecución sumaria o el cobarde misilazo son compasivos. Pues bien, hay que decirlo alto y claro: los verdaderos “artistas” de la tortura y del terror tienen su origen en buena parte en la CIA, sus métodos han sido aprobados por los presidentes de los EEUU, por sus instituciones y por el silencio cómplice de gran parte de su población (y de la de sus aliados, entre los que la post colonial Europa se destaca).

La tortura busca la máxima deshumanización de sus víctimas. Las aniquila; las mata antes de que estén muertos sus cuerpos. Por eso los torturadores, lo primero que hacen, casi siempre, es desnudar a sus víctimas; es el primer paso para la humillación del alma y la consecuente humillación de la carne. Cuentan que, cuando llegaban los trenes cargados de mercancía humana a los campos de exterminio nazis, lo primero que hacían era obligarles a desnudarse: les quitaban así, en primer lugar, la dignidad. Luego vendría el hambre y el tormento. Y el terror, antes de la muerte.

Los EEUU reconocen ahora algunas de las prácticas de tortura aprobadas por sus presidentes; según ellos a raíz del atentado del 11M. Eso es evidente y radicalmente falso. Y, por supuesto, no excusa nada.

Una falsedad monstruosa que lo que pretende es encubrir otra realidad todavía más monstruosa. Esas cárceles secretas -todas en países amigos donde el desprecio por los derechos humanos es tradición- no surgieron como setas, de un día para otro. Los “técnicos” y asesores de los crueles y sádicos interrogadores, para su mayor eficacia, no se educaron en dos días, ni en dos años. No, la industria de la crueldad y el dolor, la del terror y la aniquilación de opositores viene de lejos, tiene larga tradición en los USA. Las “escuelas” donde agentes de la CIA adiestraban a los torturadores de las dictaduras sud americanas, de los Videla y Galtieri, los Stroessner, Somoza, Batista, Trujillo, Evangelista, Zia ul Haq , y diversas juntas militares esparcidas por el orbe y la historia reciente, en fin, una larga y terrorífica lista en la clase de los más avezados despreciadores de los derechos humanos que han sido promovidos, financiados y entrenados por los USA. Actos de contrición como los de esta semana pasada no son más que cortinas de humo “democráticas” para auto justificarse: ¡Obama se ha despachado con un “no lo volveremos ha hacer”! Mientras reparte drones por los cielos y mira a otra parte ante el genocidio palestino y otros…

Al nombrar las juntas militares, y por su actualidad, no puedo dejar de mentar a la que impusieron los USA a Brasil en los años 60 de la que la actual presidenta, Dilma Russef, fue víctima. A la espera de que ella quiera contar su tormento, otras personas sí han contado su terrible experiencia en manos de esos sádicos bendecidos por los USA de Henry Kissinger. Un fragmento:

“Yo lloraba y les pedía que me mataran. Ellos se reían. Eran los dueños de nuestras vidas y de nuestras muertes”, ha contado la cineasta, Lucía Murat, que estuvo presa durante tres años y medio. Tentó dos veces el suicidio mientras estuvo presa. “Sufrí la peor sensación de mi vida, la de no poder morir”.
Su cuerpo quedó parcialmente paralizado a consecuencias de las torturas. Además de los choques eléctricos mientras estaba colgada, colocaban cucarachas sobre su cuerpo (los agresores llegaron a poner una en su vagina). Lucía sufrió también lo que ha calificado de “tortura sexual científica”.(no dejen de leer: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/29/actualidad/1369856527_560626.html)

Creo que hay poco que añadir. Sólo insistir en que quienes ordenan o consienten tales actos no pueden ser llamados demócratas de ninguna manera. El desprecio por el ser humano, por el otro, les incapacita. Los convierte en lo más bajo en el escalafón moral. Sobre todo cuando sabemos bien que sus decisiones se originan en la ambición y el ansia de dinero y poder.

Estamos viendo estos día cómo los ciudadanos americanos se revuelven contra la pseudo militarización y criminalización que los gobierna. Un sistema indiferente a la pobreza (en los propios USA 42 millones de pobres, y un 22% de los niños en esa situación); un sistema que criminaliza al ciudadano con un índice de presos cinco veces mayor que en Europa (743 presos por cada 136 en europa) con expresa incidencia por grupos étinicos.

Obviamente, todo esto no afecta a las clases medias que sostienen tal régimen de cosas. Ni dentro ni fuera del primer mundo. Las clases medias -¿usted pertenece a ese grupo, lector?- andan más preocupadas por el cambio climático (el nuevo opio del pueblo), los recortes y demás problemas de ricos; y ponen -como esos políticos a quienes votan- boquita de piñón para destilar la misma farisaica indignación.
Espero que tengan Uds. unas felices navidades.