Papuchi, la Princesita y el Campeón.

(queridos, he pensado que para empezar el año mejor os cuento un cuento)

Papuchi, la Princesita y el Campeón.

la princesa el rey y el campeonEsto ocurría en el reino de Ínsula Barataria. Oíd y aprended.

Y fueron felices. Se casó la princesita con un campeón de justas, guapo, alto y largo. Menos la inteligencia, todo en él era largo y tenía tan contenta a la princesita. Y es que, aunque sea feúcha una princesita, siempre habrá un campeón de justas (con el balón, el Ferrari o la vela) que le quiera calentar las sábanas y aspire a compartir con ella el tálamo nupcial.

Y fueron felices. Y papá campechano les invitaba a todas las recepciones y fastos de la realeza. Y les hacían la rosca por doquier y llenaban páginas y páginas de mermelada couché.

Y fueron felices.

Pero la felicidad de las princesitas cuesta mucha pasta, mucha.

“¿Pasta, eurillos? Bah… – les dijo papá campechano a la princesita y el campeón de justas cuando le fueron a pedir más- Eso no es problema: ¡eres princesita, mujer!”
“¿Pero cómo hago, papuchi?
“Verás, niña mía, es fácil. ¿Todavía no te has dado cuenta de que todos quieren darte dineros?”
“¿Todos?”
“Bueno, todos los que cuentan… o mejor dicho: todos los que quieren contar o seguir contando”

Interrumpieron la charla porque en aquel momento sonó el real teléfono.

– ¿Sí? – contestó papuchi- ah, eres tú. Dime, dime…”

Durante un minuto la princesa y el campeón de justas se dedicaron a rozarse los pies bajo la mesa y reírse por lo bajinis. Les daba mucho morbo y gracia hacer piececitos delante de papuchi sin que él se diera cuenta. Y era cierto que no se coscaba el tío de las caricias de la niña y el yerno bajo la mesa, ni de sus risitas pueriles, pues estaba concentrado en lo que le contaba el teléfono. Al cabo, volvió a hablar.

– Vale, Antonio, tu pásale el tema a Rita que yo te recomiendo ¿entiendes? Si, sí, me lo metes como siempre en Suiza. O, mejor, en algún emirato de los de siempre. Habla con García y el te dirá dónde. Ya sabes que me molestan los detalles: soy rey. Nada, hombre, nada; cuenta conmigo para esas cosas cuando quieras. Pero habla mejor con García, eh. Ya sabes, un amigo, jo,jo , jo… – se despidió con campechana risotada.

“¿Veis qué fácil?”

La princesita y el campeón se apresuraron a descruzar los pies bajo la mesa.

“Pero, papuchi, no entiendo…”

Papuchi resopló. Desde que nació, sabía que la niña no tenía muchas luces y aunque se había resignado a ello -monseñor le contó que los reyes también deben resignarse, a veces- le seguía fastidiando bastante. Así que se dirigió al campeón, a ver si éste se coscaba algo más que la niña. Porque ella ya se había perdido mirando revolotear una mosca. “Con lo que me costaron el par de masters que le compré y de qué poco sirven”, pensó con resignación real el monarca.

“¿Tú eres campeón, verdad? -asintió el yerno sin entender por qué su suegro traía a colación lo evidente; pero el campechano, ignorando la cara de pasmado del campeón, sobre cuyas luces tampoco tenía gran esperanza, continuó- Vale, eres campeón. Pues te buscas un paje que vaya en tu nombre a pedir dinero a los virreyes y alcaldes de mi reino. Y si no se lo dan, vas tú en persona a pedirlo.”
“¿Y qué les doy yo a cambio de la pasta?”

Decididamente, pensó el rey, este campeón no tenía más luces que la niña. Quizás por eso hacían tan buena pareja, se dijo; y se dijo, resignado, aquello de que no hay mal que bien no traiga.

“Diles que les vas a montar justas y traer fama a sus municipios y virreinatos.”
“¿Cómo hago eso? Porque ellos me pedirán que haga algo a cambio, digo…”
“Oh, poca cosa, querido yerno. Sólo tienes que hacerte fotos con ellos y darte un garbeo por los eventos e inauguraciones que quieran. Antes, recuerda, te buscas un paje que negocie el precio, haga los cobros, los repartos y sepa inventarse informes y facturas que, al fin y al cabo, nadie ha de mirar”

El campeón no entendía nada. Le costaba creer que todo fuera tan fácil ¿cómo iban a darle un pastón esos señores tan poderosos por tan poca cosa? Miró a su princesita buscando una luz de compresión en su mirada, por si comprendía ella más que él. Porque lo suyo eran los balones y las justas y los torneos, no las comisiones.

“Oh, campeón mío -dijo ella, entre divertida y compungida viéndole tan despistado-, tú hazle caso a papuchi, que sabe mucho de estas cosas.”
“Pero cómo…” insistió el campeón, que no veía claro que le tuvieran que dar la pasta por unas fotos o unos informes falsos.
“Escucha, chaval -al campechanísimo la paciencia también se le agotaba a veces- Si alguno te pone problemas, vas y les dice que vas de mi parte ¿vale? ¡De Mi parte!- recalcó.- Verás que todos obedecen y pagan”

Una luz, entonces, iluminóla mirada de besugo del campeón.

“¡Es bueno ser rey!”, exclamó, al entender.
“Hale, iros en paz -suspiró el monarca señalándoles la puerta: le cansaban estas audiencias con sus hijos- Mañana García os manda un paje experto en informes y asunto concluido. Ahora dejadme, tengo cosas importantes que hacer”

Suspiró de nuevo cuando la niña y el campeón salieron por la puerta. “¿A quién habrán salido estos niños míos?” se preguntaba mientras se dirigía a su habitación real, a revisar el equipaje que la habría preparado Garcia para su próximo safari.

Ya en la calle, la niña y el campeón reían y hacían manitas mientras se alejaban en su Ferrari.

“¿Ves, tontín -contenta, iba diciendo ella- cómo papuchi tiene soluciones para todo? Ya te lo decía yo; ahora bien, a partir de mañana cuando nos suelten la pasta alcaldes y presidentes, no olvides ingresar al mitad a papuchi en la cuenta de los emiratos que García nos dirá. Papuchi es muy religioso y se toma muy en serio eso de “no usaras el nombre de Dios en vano”. Y ya sabes que papuchi ¡es como Dios!”

A partir de ese momento, fueron más felices y comieron más perdices que nunca…. (hasta que llegó un malvado juez: pero ese es otro cuento titulado: el malvado juez y el fiscal defensor.)

fin

¿De qué sirve que caiga un sicario si Don Corleone y la Familia siguen con el negocio?

corleone y familia-1¿Por qué razón ocurre que, a pesar de la multiplicación de los procesos, de las intervenciones policiales, de las sentencias y de la entrada en prisión de señalados políticos como Matas o Fabra, no terminamos de creernos la cantinela de nuestros políticos sobre la regeneración? Leo los periódicos, escucho en la barra del bar, en las cada vez más infumables tertulias televisas y no parece que nadie dé mayor trascendencia a esas sentencias y actuaciones policiales. ¿Por qué? Afino el oído y me parece escuchar un rumor de fondo en el mar de la opinión pública: el rumor de un gran escepticismo.
Han sido tantos los casos que han quedado impunes -de momento-, tantas las actuaciones incomprensibles de fiscales que sin vergüenza alguna se esfuerzan en proteger al poderoso; tan absurdo resulta para la ciudadanía que jueces respetados como Garzón o Silva hayan sido castigados por su empeño en la persecución de los delincuentes ricos y poderosos, que jueces como Castro tengan que luchar a brazo partido con un fiscal reconvertido a defensor de infantas o que le muevan la tierra bajo los pies al juez Ruz con la descarada intención de retrasar la acción de la justicia, que unas pocas condenas sólo parecen el resultado de oscuros pactos en los que algunos son sacrificados como inevitables cabezas de turco -a su pesar, eso sí- para salvar a los verdaderos culpables del expolio a la que a clase política y alguna satrapía periférica vienen sometiendo al pueblo español desde la transición. Una clase política con siglas definidas: PP, Psoe y CiU, con la participación extemporánea de algún otro mindundi.

Una tomadura de pelo. Y más en una crisis que ha llevado al 30 % de la población a la miseria, al espeluznante dato de los 2.800.000 niños en riesgo de pobreza, a la depauperación de la sanidad y la educación, a la precarización del trabajo, al abandono en la cuneta de los dependientes etc. Tan grande es el desastre que no parece que baste el castigo de unos pocos y evidentes culpables. Y eso sucede porque se ha instalado en la ciudadanía la convicción de que esos corruptos castigados son sólo el botón de la verdadera corrupción institucionalizada por los partidos del poder, que se han convertido con el tiempo en verdaderas mafias de reparto de prebendas y mordidas pagadas por quienes realmente mandan: los ricos (en forma de oligarquías o de multinacionales, tanto da). De nada sirve que caiga un sicario si Don Corleone y la Familia siguen con el negocio. Esa es la convicción general y esa es la causa del escepticismo del pueblo español ante esos encarcelamientos.

Ya antes entraron en la cárcel Barrionuevo y Vera, y Roldán también, y algunos filesos, ¿recuerdan? y no pasó nada: el felipismo cambió de cobradores y siguió siendo una máquina de reparto de mordidas y remunerados sustitutos. Luego, con Aznar, llegó la Gürtelada: mayor corrupción, mayor desfachatez y mejor organizada; Valencia y Baleares se convirtieron en verdaderos estercoleros de corrupción a la sombra del Boom Inmobiliario y chiringuito bancario que lo contaminó todo, y animó a los demás partidos en la competición por la recalificación y la concesión indiscriminada. Una trama que desde el menor de los ayuntamientos hasta las sedes centrales madrileñas han cubierto la piel de toro, de arriba a abajo, con una ponzoñosa red de araña.

¿Cuántos irán a la cárcel? Tanto da que sean cuatro que cuarenta -piensa el pueblo-, el sistema seguirá igual mientras sigan los mismos partidos y las mismas estructuras que los mantienen en el poder. Esa es la percepción que predomina en la sociedad española.
Ahí es donde los partidos nuevos, principalmente Podemos, pero también los que se preparan para tomar las principales ciudades del país en los próximos comicios, hallan su caldo de cultivo. Nadie se pregunta en realidad por la racionalidad de las propuestas de esos partidos. Sólo importa la imagen de honestidad y la mirada limpia; y el hartazgo de las proclamas farisaicas de los de la Casta jurando que no volverán a pecar, que ahora sí, que ahora serán buenos y lo harán bien y ya no meterán la mano en la caja. No se creen a sí mismos, y se les nota demasiado. Viendo a Rajoy hablando de regeneración tenemos la sensación de que le crece la nariz como a Pinocho; escuchando las proclamas de la Susana Diaz jurando mano dura con los corruptos mientras sonríe a los Chavez y Griñan pergeñadores de ERE’s, no nos cabe duda de que miente más que habla. Vemos a Matas entrando y saliendo del trullo como Pedro por su casa, vemos al Fiscal insultando nuestra inteligencia al mentar la “indefensión” de la hija del Rey, vemos a Blesa paseando tan tranquilo sus canas de diseño por la calle, vemos, en suma, tanta indignidad que no podemos creernos nada: tenemos la sensación de que esos casos son las excepciones que confirman la regla de la Corrupción General y poco más.

Y todavía los hay que se escandalizan cuando escuchan de nuevo aquella vieja canción que clamaba por una escoba que lo barriera todo… lo suyo, claro.

Tortura y la boquita de piñón.

tortura1 copia¿Se han preguntado ustedes cómo somos capaces de ver a Obama excusándose por las inhumanidades perpetradas por sus esbirros y no vomitar inmediatamente? ¿Cómo seremos capaces de acudir a las urnas y echarles nuestra papeleta a políticos que ante la evidencia del terror americano explícito apenas abren la boquita de piñón para entonar un “buenooo…”?

¿Qué diríamos si quien institucionalizara la tortura, quien practica el terror, quien mantiene cárceles “secretas” peores que las mazmorras de la Inquisición, quien entrena científicamente a sádicos de otras naciones para que torturen y hagan desaparecer opositores propios y ajenos, fuera Maduro, o Hassad o Gadaffi (epd) o Chavez (epd) o Kim Jon Un o Xi Jinping o …? ¿Qué dirían nuestros telediarios, nuestros políticos entonces? ¡Nos iban a dejar sordos con sus proclamas farisaicas sobre la democracia y los derechos humanos! Nos iban a atronar los oídos hablando de los crueles dictadores (metiendo en el mismo paquete a algunos que, como Maduro o Chavez, han sido elegidos en votacionesrefrendadas por observadores internacionales, incluida la asociación Carter) o dictadores como Ki; mientras se hacen los despistados sobre General Sisi, el Mossad, o Hassan.

Ah, pero cuando la crueldad y el terror se ejecuta por orden expresa del Gran Jefe americano, entonces nuestros políticos se limitan a musitar excusas; o a disimular repugnancias, los más sensibles. Nuestros políticos, a quienes hemos votado.

No hay peor delito contra el ser humano que la tortura. A su lado el asesinato, la ejecución sumaria o el cobarde misilazo son compasivos. Pues bien, hay que decirlo alto y claro: los verdaderos “artistas” de la tortura y del terror tienen su origen en buena parte en la CIA, sus métodos han sido aprobados por los presidentes de los EEUU, por sus instituciones y por el silencio cómplice de gran parte de su población (y de la de sus aliados, entre los que la post colonial Europa se destaca).

La tortura busca la máxima deshumanización de sus víctimas. Las aniquila; las mata antes de que estén muertos sus cuerpos. Por eso los torturadores, lo primero que hacen, casi siempre, es desnudar a sus víctimas; es el primer paso para la humillación del alma y la consecuente humillación de la carne. Cuentan que, cuando llegaban los trenes cargados de mercancía humana a los campos de exterminio nazis, lo primero que hacían era obligarles a desnudarse: les quitaban así, en primer lugar, la dignidad. Luego vendría el hambre y el tormento. Y el terror, antes de la muerte.

Los EEUU reconocen ahora algunas de las prácticas de tortura aprobadas por sus presidentes; según ellos a raíz del atentado del 11M. Eso es evidente y radicalmente falso. Y, por supuesto, no excusa nada.

Una falsedad monstruosa que lo que pretende es encubrir otra realidad todavía más monstruosa. Esas cárceles secretas -todas en países amigos donde el desprecio por los derechos humanos es tradición- no surgieron como setas, de un día para otro. Los “técnicos” y asesores de los crueles y sádicos interrogadores, para su mayor eficacia, no se educaron en dos días, ni en dos años. No, la industria de la crueldad y el dolor, la del terror y la aniquilación de opositores viene de lejos, tiene larga tradición en los USA. Las “escuelas” donde agentes de la CIA adiestraban a los torturadores de las dictaduras sud americanas, de los Videla y Galtieri, los Stroessner, Somoza, Batista, Trujillo, Evangelista, Zia ul Haq , y diversas juntas militares esparcidas por el orbe y la historia reciente, en fin, una larga y terrorífica lista en la clase de los más avezados despreciadores de los derechos humanos que han sido promovidos, financiados y entrenados por los USA. Actos de contrición como los de esta semana pasada no son más que cortinas de humo “democráticas” para auto justificarse: ¡Obama se ha despachado con un “no lo volveremos ha hacer”! Mientras reparte drones por los cielos y mira a otra parte ante el genocidio palestino y otros…

Al nombrar las juntas militares, y por su actualidad, no puedo dejar de mentar a la que impusieron los USA a Brasil en los años 60 de la que la actual presidenta, Dilma Russef, fue víctima. A la espera de que ella quiera contar su tormento, otras personas sí han contado su terrible experiencia en manos de esos sádicos bendecidos por los USA de Henry Kissinger. Un fragmento:

“Yo lloraba y les pedía que me mataran. Ellos se reían. Eran los dueños de nuestras vidas y de nuestras muertes”, ha contado la cineasta, Lucía Murat, que estuvo presa durante tres años y medio. Tentó dos veces el suicidio mientras estuvo presa. “Sufrí la peor sensación de mi vida, la de no poder morir”.
Su cuerpo quedó parcialmente paralizado a consecuencias de las torturas. Además de los choques eléctricos mientras estaba colgada, colocaban cucarachas sobre su cuerpo (los agresores llegaron a poner una en su vagina). Lucía sufrió también lo que ha calificado de “tortura sexual científica”.(no dejen de leer: http://internacional.elpais.com/internacional/2013/05/29/actualidad/1369856527_560626.html)

Creo que hay poco que añadir. Sólo insistir en que quienes ordenan o consienten tales actos no pueden ser llamados demócratas de ninguna manera. El desprecio por el ser humano, por el otro, les incapacita. Los convierte en lo más bajo en el escalafón moral. Sobre todo cuando sabemos bien que sus decisiones se originan en la ambición y el ansia de dinero y poder.

Estamos viendo estos día cómo los ciudadanos americanos se revuelven contra la pseudo militarización y criminalización que los gobierna. Un sistema indiferente a la pobreza (en los propios USA 42 millones de pobres, y un 22% de los niños en esa situación); un sistema que criminaliza al ciudadano con un índice de presos cinco veces mayor que en Europa (743 presos por cada 136 en europa) con expresa incidencia por grupos étinicos.

Obviamente, todo esto no afecta a las clases medias que sostienen tal régimen de cosas. Ni dentro ni fuera del primer mundo. Las clases medias -¿usted pertenece a ese grupo, lector?- andan más preocupadas por el cambio climático (el nuevo opio del pueblo), los recortes y demás problemas de ricos; y ponen -como esos políticos a quienes votan- boquita de piñón para destilar la misma farisaica indignación.
Espero que tengan Uds. unas felices navidades.

Los Silencios

En ocasiones, los silencios tienen la virtud de la elocuencia. Dicen lo que callan las palabras. ¿Os habéis fijado en esa pareja mayor que toma su desayuno los domingos en el bar sin dirigirse palabra? Él lee -o hace que lee- el periódico, ella se imagen 8 dic silencios-1entretiene contemplando la concurrencia, perdida en sus pensamientos. De vez en cuando, se miran e intercambian alguna opinión y vuelven a su silencio. A mí, me parecen entrañables esos silencios si se dan en parejas de edad. Son silencios construidos a base de años, llenos de complicidad, de conocimiento, de ternura incluso. Pero, cuando esos silencios los observo en parejas más jóvenes, dejan de parecerme entrañables. A menudo, entonces, me parecen cargados de indiferencia o de rencor. Así son los silencios: diversos, porque no hay un único silencio, sino muchos

Y no sólo en el bar. Hay silencios entre compañeros o rivales en el trabajo. Los hay llenos de caricias y los hay con verdadero resentimiento, esa pasión que no es más que la versión muda del odio. Silencios que te acompañan incluso cuando estas solo, cuando llegas al hogar perseguido por uno de esos silencios que te hubiera gustado romper, pero se te murieron las palabras antes de salir de tus labios. “Debería habérselo dicho. Debería haber hablado” pensamos en esas ocasiones, cuando, a solas, llegamos a casa cargando uno de esos silencios.

Y, por supuesto, la política no podía ser menos. Llena de silencios cómplices y de silencios malintencionados. La política se construye, hoy al menos, de complicidades y mala intención. Ambas, cosas que se cultivan en la sombra y el silencio.

Así, la escena política se nos va llenando de silencios. Y más hoy, cuando muchos temen verse expuestos al próximo fracaso electoral o se sienten arrinconados incluso por los suyos.Silencios de políticos ¡precisamente con lo que les gusta hablar!. Pero, en ellos, en los políticos que callan mucho, los silencios dejan secuelas, rastros fisonómicos, en cuerpo y faz.

Un par de ejemplos, se me vienen inmediatamente a la cabeza.

Aznar. ¡Ay, Aznar! A Josemari el paso de los años le sienta fatal. Tan parlanchín y sentencioso que era, ahora calla. Nada dice de sus amigos caídos en desgracia ¡son tantos! Preguntadle por Blesa, Bárcenas, Matas, Mato, Fabra, Camps, Galeote, Correa y el Bigotes, el elenco todo de las bodas aznarinas. No dirá nada. Ya no proclama, como otrora, que pondría la mano en el fuego por éste o por aquél. Se muerde los labios, mira a otra parte, o habla del cualquier cosa que no venga a cuento(no del sexo de los ángeles: monseñor se lo tiene prohibido, y la legionaria de Cristo en botella, de sexo:¡chitón!). Tanto como su mudez, me preocupa su salud. Cada vez se le ve peor aspecto al hombre. Más enjuto cada día, las mejillas más hundidas, el mentón quebradizo, afilándose por momentos, el mostacho apenas ya una sombra desdibujada, y las napias en imparable crecimiento sobre la menguante faz. La mirada fosca, tenebrosa, cada vez más oscura y perdida en las cadavéricas cuencas. Todo en él parece consumirse en ese cuerpo que se pierde dentro de las americanas, de los trajes cada vez más anchos. La raya y el tupé excedidos de tinte, delatados por las blancas cerdas del mostacho reprimido. A Aznar el silencio le consume. Y el rencor de saberse despreciado por la historia, también.

Ah, pero otra gran paridora de elocuentes silencios se me viene también a la cabeza: Susana Diaz. La presidenta por expreso dedazo de Griñan. La presidenta andaluza forma parte de aquellos que disimulan sus silencios en una verborrea abundante. ¡Cuanto le gusta hablar de sus “humildes” orígenes fontaneros, de su proximidad al pueblo llano: porque el andaluz es el pueblo más llano de la península ibérica -¡llanísimo!-, con permiso del señor Monago, otro lucidor de modestos orígenes. Preguntarle a Susana sobre los ERE’s, sobre Griñán y Chávez, sobre el nombramiento de Esperanza Acosta (esposa de un imputado en los eres y de su mismo partido), cada vez calla más; y como Aznar, habla de lo que sea (ella sí puede hacerlo sobre el sexo de los ángeles o de quien le plazca, con permiso de la Macarena y del espíritu liberal de la finada Duquesa de Alba a quien, ahora, resulta que Alfonso Guerra y su séquito de aduladores tanto admiraban). Pero en el cuerpo también le va la penitencia, a Susana. Luce cada vez más hinchados los mofletes y demás atributos. O le aprovecha mucho la comida o los silencios la hinchan, digo. La tez ya anuncia cuarteos y las infladas ojeras insinúan las horas de la noche perdidas entre intrigas y resentimientos. No pudo ser presidenta del partido ni candidata en las próximas elecciones generales. Hubo que tragar con la operación guaperas: y ahí tiene mucho silencio que comerse. Porque no puede decir lo que siente: que Pedro Sánchez no es más que un sucedáneo de ella misma que, al final, terminará traicionándola (como Rajoy, que apuñala a Aznar cada vez que habla bien de él, Sánchez terminará hablando bien de Susana en silencios cada vez más ominosos) Ah, pero del gran silencio que me la ha traído al teclado del ordenador, todavía no he hablado. El asunto del Contrato de Trabajo de Erejón. ¡Un tema de suprema importancia nacional!: resulta el chaval ganaba 1.800 € brutos de la Universidad de Marbella-una miseria para un investigador, convendrán ustedes- y hacía pellas en el curro! Supuestamente o no, tanto da. Como cuando eramos peques y en lugar de ir al cole, nos perdíamos toda la mañana el el parque con unos amiguetes, resulta que Erejón -presuntamente- hace pellas en la Uni, para irse a jugar a la política con sus amiguetes de Podemos. Todos pudimos asistir al bochornoso espectáculo de Susana despotricando sobre las supuestas pellas de Erejón, como si esa fuera la Gran Corrupción. La encubridora -supuesta- de los ERE’s de Andalucía, de sus colegas consejeros, de su protector Griñán, de Mercasevilla, de los cursos con alumnos fantasma suculentamente subvencionados, se nos quedaba ronca de gritar contra Erejón y sus pellas en los platós y los telediarios que la quisieron retransmitir. Pero alguien le debió señalar, a la honorable presidenta, que estaba haciendo el ridículo y que no podía ponerse a la altura de tal bajeza. Entonces calló. En público, claro; porque es evidente que bajo mano le apretó las tuercas a la universidad de málaga para continuar con el espectáculo. Difama, que algo queda. Aquí lo que ha quedado es el silencio de Susana. Ese es uno de los silencios más viles: el de quien tira la piedra y esconde la mano.

Y vale que de silencios tenemos muchos más. Por ejemplo, en el mismo Podemos: pregutadles sobre si son independentistas en Catalunya: silencio. Sobre si son comunistas o socialdemócratas: mas silencio. Sobre si subirán los impuestos a las clases medias, shhhhh! En fin, al menos, en el caso de Podemos, callan porque no saben todavía que responder (o qué nos gustaría escuchar) Es lo que tiene querer estar a bien con todos: que hay que callar mucho.

Y yo me callo hasta el finde que viene.
Tengan ustedes una feliz semana.