No les votaré, pero…

nolesvotaré-1Yo no les votaré. Exhalan improvisación por todos los poros. Y buena fe también. Pero soy -serán los años que le hacen a uno así- alérgico a las improvisaciones cuando se trata de las cosas del comer. A veces, salen bien; otras, saben fatal.

No, no les votaré. Como decía Cayo Lara, puestos a votar a la izquierda, mejor el original que la fotocopia. Por muchos votos que puedan sacar, no les votaré: más sacó el PP en las últimas y así nos ha ido. Además, siempre he sido alérgico al concepto mismo de voto útil. ¿Para qué y, sobre todo, para quién son útiles esos votos pretendidamente útiles? Desde luego, no para las ideas de quienes los depositan: para esas ideas son un voto menos.

No votaré a Podemos. Pero (oh, siempre un pero…) me entran ganas de votarles cada vez que veo cómo los medios serviles a quienes cortan el bacalao (no en vano son un oligopolio) andan están investigándoles a estos de Podemos hasta las horas que fichan en el curro. ¡Podrían haber empezado por controlar las que curran los señores diputados y senadores, principalmente del PP y del Psoe! Pero no: ahora resulta que le revisan el contrato de trabajo a un investigador con cara de niño contratado por la universidad de Málaga. ¡Es que se dedica a la política!, se indignan los fariseos del poder fáctico. Seguramente, en una fase posterior les olerán también los gayumbos a ver qué encuentran.

Parece que se han dado cuenta de que se les ha ido de la mano ese experimento de promocionar a un radical para fracturar a la izquierda que se les venía encima, y ha resultado que la gente lleva tal cabreo que casi se une en masa a los revolucionarios. Ahora toca -se habrán dicho- partirlos más. No creo yo que tenga mucha efectividad meterse en si hace sus horas el chaval o si la compañera de su jefe hizo negocio vendiendo su pisazo de 50.000 € o si el cuñado curra para el municipio. Creo que tendrán que buscar algo más gordo: aunque es de suponer que si no lo encuentran lo fabricarán. Como las noticias: si no las hay, dicen, hay que crearlas.

Verle la jeta a Susana Diaz indignándose por las horas de más o de menos que echa Erejón en el trabajo causa sonrojo. La presidenta de la Junta nombrada a dedo por quien está bajo sospecha de consentir -como mínimo- la estafa millonaria de los ERE’s, la que no ha sido elegida para ese cargo por el pueblo, la que sigue callando y disculpando a los corruptos endémicos de la Andalucía de los cursos falsos, los ERE’s y la compra de votos con peonadas, se indigna (¡hay que verle el gesto histriónico a la tía!) porque no cumple el horario de los 1.800 € al mes el aniñado Erejón. ¡Manda güevos, que diría aquella Su Señoría! Claro que, a la Susana Diaz, que se veía de presidenta y candidata del Psoe y tuvo que dejarlo porque le iban a sacar lo de los ERE’s , Mercasevilla y los fondos de reptiles andaluces en cada debate, la rabia le anula el sentido del ridículo. Tal que parece émula de Eduardo Inda en su indignación anti coletas. Lo tienen crudo en Andalucía emparedados entre el señorito Arenas y la indignada Díaz. Sobre todo, ahora que cesará el reparto de prebendas y la compravotos, que por otra parte no les ha sacado de pobres en todo lo que llevamos de régimen transicionario.

Así, que no les votaré aunque me lo pida el cuerpo cada vez que hablan Inda o Susana. Vendrán más “investigaciones”, ya lo advierte, cada vez que puede, Pablo Iglesias: irán contra ellos con calumnias y medias verdades; pero puede estar tranquilo, como sean de la calidad de ésta de las horas que curra Erejón su expectativa de voto todavía subirá. Los políticos del bipartito, todavía no se han dado cuenta de que la gente ya le ha tomado la medida a las magnitudes de la corrupción; que, sí sólo las comisiones del tesorero del Pp le permitían ahorrar 48.000.000 € en Suiza, es porque la corrupción del PP (la super gürtelada) nos ha costado a los ciudadanos cientos o miles de millones en sobreprecios de las contratas públicas. Y que los ERE’s representan cientos de millones también. Mucho dinero, mucho. Tanto que con él la crisis hubiera sido otra. Y que los perpetradores de esa sangría ingente de la corrupción se desmelenen porque un investigador que cobra de la Universidad de Málaga el sueldazo de 1825 € al mes trabaje más o menos bien mueve a escándalo, sonrojo y vergüenza ajena. E indica claramente el nivel su calidad democrática, tan bajo como su voluntad de luchar contra la corrupción que les alimenta desde hace treinta años. Tales “denuncias” retratan a quienes las hacen. De hecho, cuando Susana se ha dado cuenta de la metida de pata y de que iba por mal camino, ha salido diciendo que lo dejaba en manos del rector de la universidad: le han fallado los reflejos, llega tarde: su mezquindad ha quedado a la vista de todos. Es lo que tiene dejarse llevar por la frustración, señora.

Lo dicho: no les votaré. Entre el coletas y su señora, me quedo con la señora. Porque si milagrosamente, y a pesar de las maniobras del aparato mediático, dentro de un año hubiera mayoría de diputados para el cambio real del país, serán precisas gentes con experiencia y organizaciones con arraigo para realizar ese cambio. A las que, por cierto, tampoco he votado nunca.

¡1.825 euros brutos al mes! ¡Vaya escándalo: ese es el sueldo de un investigador en la universidad de la España del PP y del Psoe! Realmente escandaloso, sí.

(pdta: también es cierto que los días de elecciones llego siempre tarde, cuando ya ha cerrado el colegio electoral…)

Rosetta y el mendrugo.

philae y anciana -1Mandamos un trasto a sentar los reales sobre un pedrusco que va lanzado a decenas de miles de kilómetros a la hora por el Universo y acertamos. Aunque luego se quede sin pilas, ¡vaya proeza!

Tras contemplar esas imágenes -que han recorrido en un periquete largos senderos siderales hasta nuestro plasma- salimos a la calle a por unas birras, que luego hay partido.

Entonces, tenemos un encuentro que a algunos nos deja con las pilas más bajas que las del Philae, el módulo del Rosetta: una viejecilla permanece sentada en la acera, frente a una cajita de madera con un cartelillo que reza “para un mendrugo, gracias”. La venerable tiene hambre. Mejor dicho: pasa hambre. Todos los días. Sólo hay que verla.

Dejo caer unas monedas en la cajita y murmuro, antes de salir por piernas un tanto avergonzado, “tenga suerte, señora”. Y mientras me alejo me voy diciendo que vaya tontería desearle suerte a una mendiga vieja. ¿Qué suerte ha de tener? ¿Que algún piadoso ciudadano le deje, bien plegadito en su cajita, un billete de cien euros?, ¿o quinientos, o mil? ¿Qué suerte cabe esperar cuando además de haber sido alcanzado por la vejez nos ha alcanzado la miseria? Ninguna de las dos cosas es para tomárselas a broma, no. Pero, si la vejez a de alcanzarnos a todos irremediablemente -si no espichamos antes-, la pobreza de esta señora, en esta España de hoy, parece también inevitable: según el gobierno de la nación, no hay dinero para esta gente, ni para los dependientes u otros necesitados. Claro que para el gobierno la pobreza es un dato estadístico: por eso prioriza como prioriza. Si el presidente y sus ministros fueran pobres, seguramente gastarían los dineros en otras cosas que en las que lo hacen; en comida y albergues y ropa y medicinas y viviendas dignas, por ejemplo. Y también en asistentes sociales y residencias para la gente mayor (tan escasas y tan caras hoy). Pero nuestros ministros acostumbran a ser ricos o casi. Por eso, muchas cosas hay que ocupan a los ministros antes que esta señora que pide un mendrugo. Cosas muy modernas, como el PIB, la deuda de los bancos o de esa prima de riesgo que tanto preocupaba.

Lo dicho: la pobreza es un dato estadístico. Eso es literalmente cierto cuando hablamos del Gobierno de la Nación. ¿Y los demás? También. Acostumbramos a hablar de “la pobreza” como un ente eidético, reducible a difusa categoría estadística; usamos el lenguaje para evitar mencionar a los pobres concretos, al que nos pide en el semáforo, al que agita la escudilla a la puerta del supermercado, a esta vieja que se sienta en la acera de mi casa. Pero para el ciudadano que se ha salvado de la quema de esta crisis multiplicadora de pobres, para el que tiene empleo, es empresario o funcionario ¿es la pobreza algo más que un dato? La clase media que queda -no se cabreen-, como el gobierno, no tiene la pobreza entre sus prioridades. El futbol, las vacaciones, la última novedad informática, la película de la semana, el cole de los sobrealimentados hijos, el partido de futbol de máxima rivalidad siempre, las banderas, los himnos, la letra de auto, la hipoteca, el seguro médico, la moda… todo eso está antes que esa vieja que pide un mendrugo de pan. El consumo ocupa su pensamiento constantemente. Pero ¿los pobres? Quía, si además son antiestéticos. “Son cosa del Gobierno”, nos decimos a sabiendas de que el Gobierno pasa de ellos. Ni siquiera, a la hora de decidir el voto, esos pobres influyen en nuestra decisión. Son cosa del Gobierno. Y la papeleta con nuestro voto va para quien nos promete menos impuestos, o mejor sanidad o cambiar una bandera por otra. Somos hooligans de la mediocridad y del consumo. ¿Molesta eso? No debería: hay lo que hay, se es lo que se es. Aceptarlo es la mejor forma de ser feliz ¿verdad?

La gente decente, la clase media, consume baguettes, pan de pipas, de cebolla, de espelta, panecillos de Viena que huelen a mantequilla de vaca que ríe. La gente decente no come mendrugos. Ni han visto uno en su vida, o no saben muy bien qué es un mendrugo. Eso se soluciona yendo al Diccionario de la Real Academia: “Pedazo de pan duro o desechado, y especialmente el sobrante que se suele dar a los mendigos.” También admite otra acepción: “Hombre rudo, tonto, zoquete.” Yo añadiría una síntesis de las dos: tontos y rudos zoquetes que ignoran qué vale un mendrugo para un pobre. Ahí cabe mucha gente.

Menos mal que las probabilidades de que existan el Cielo y el Infierno como los pintaba Dante en su Divina Comedia es casi nula. Porque si existiera un Cielo, seguro que sentada junto a la puerta estaría esperándonos esa vieja que pide un mendrugo. Y cuando fuésemos a cruzarla, quizá escucharíamos salir de sus labios un “que tenga suerte, señor”, y lejanos ecos de demonios que se frotan las manos.

Realmente, ¡qué proeza la de nave Rossetta y el módulo Philae! ¡Cómo progresa la humanidad!

Y qué suerte tenemos de que el Cielo sea sólo un vacío inmenso surcado de rocas con las que afinar la puntería.

Catalunya/España: aguas revueltas.

Maguas banderaas pretende arrastrarnos a todos los catalanes en su huida hacia delante. Obvia decir que no nos lo merecemos.
El President sabe que ya no cuenta con el apoyo mayoritario del pueblo catalán; que, seguramente, hoy, la suya no sería la candidatura más votada en caso de convocar elecciones al Parlament. Muchos ciudadanos catalanes ya se han cansado de él. Y el “proces” anda, cada vez más, por otros derroteros que se deshilvanan entre ERC, Convergencia sin Unio (vaya a saber qué queda), la Cup o una Iniciativa que se declara no independentista. El resto (PSC, PP, C’s y mindundis varios) no están en el “proces”, aunque son también muchos (sumaron en las últimas elecciones el 35%).
El 9Nbis no sólo no ha contribuido a esclarecer nada sino que ha oscurecido todavía más el ambiente. Pero eso es lo que -consciente o inconscientemente- busca Mas. El 9Nbis, como no podía ser de otra forma, sólo ha contribuido a enturbiar las revueltas aguas de la política catalana y, también, del resto del Estado español.
Igual que era obvio que no se podría realizar el primer 9N porque que el Constitucional -naturalmente, a instancias del gobierno Rajoy- lo prohibiría por su ilegalidad manifiesta, también lo era que el 9Nbis, convocado sin las mínimas garantías democráticas -censo, neutralidad institucional, carencia de campaña para una de las opciones, mesas constituidas por parte etc- por mucho honesto voluntarismo que contuviera, se enfangaría en múltiples interpretaciones, nuevos enfrentamientos y mayor fractura social. Es lo que ocurre cuando se hacen las cosas sin contar con los demás. Mas ha tumbado la poca cultura del pacto que trajo la Transición y la ha sustituido por la “ley de los nuestros”. Él y Junqueras se unen en un “Catalunya somos nosotros”, y expulsan de la paradisíaca “catalanidad” a todo catalán que no comulgue con la rueda de molino independentista.
Pero todo esto ya lo sabía el astuto President mucho antes de que llegara este otoño. Así que -como se le presuponen inteligencia y hábiles colaboradores- lo que no ha habido es improvisación. Mas no ha actuado en respuesta al Estado español: pero ha conseguido que lo parezca y que muchos se lo crean. Mas juega una partida al solitario pero nos vende que tiene contrincante. Y eso no es cierto en la medida de que el contrincante actúa de la única manera que puede hacerlo, de forma que conocemos perfectamente cuál será su juego. Mientras, el President tiene elaborada su jugada siempre con antelación: juega sin atender a las reglas del juego (que él mismo contribuyó a crear, y que son las que le han permitido ser quién es). Así, puede cambiar las cartas, su valor, la cuantía del descarte y el orden de las combinaciones: juega solo, hace lo que quiere. Tanto, que el resto de jugadores (ERC, Cup, ICV) no son para él más que espectadores de la partida, meros comparsas. Y, cuando quiere, amenaza con romper la baraja del pacto de la porcelanosa a sabiendas de que, mientras el siga siendo president, la claca no tiene más remedio que aplaudir.
Insisto: no hay -por mucho que nos lo quiera vender- dialéctica entre Mas y el Estado español. Mas ha prefigurado todas las manos de la partida porque sabe que Rajoy sólo puede -aunque, además, quiera- responder lo que responde.
Sin embargo, Rajoy y Mas coinciden en algo fundamental: en las formas. A la provocación se responde con chulería; es decir, con más provocación. La causa principal de que esto suceda así es que tanto Rajoy como Mas están en la cuerda floja, cada cual en su ámbito particular. Se saben presidentes acabados. Ambos saben que en una situación de normalidad democrática no repetirán; todos los augures demoscópicos lo afirman: ni Mas ni Rajoy serán presidentes tras las próximas elecciones. Eso, si no ocurre algo que venga en su auxilio.
Y ahí está el verdadero vínculo entre el solitario de Mas y la verbalización de Rajoy: tensar la situación, provocar un totus revolutum, enfangar la política con discursos esencialistas haciendo dejación de la administración de la res pública, que es para lo que los ciudadanos les eligieron. Ambos buscan lo mismo: que cuando lleguen las elecciones la ciudadanía se vea sumergida en un debate turbio sobre patrias y banderas. Entonces, piensan ellos, podrán pescar en aguas revueltas los votos que necesitan para seguir siendo presidentes, y que de otra forma no obtendrían.
Rajoy hará que los suyos se desgañiten en un nuevo ¡spaña-se-rompe!, mientras que Mas exigirá que le rindan pleitesía los del pacto de la porcelanosa si quieren que convoque elecciones al Parlament. El uno busca pescar en las aguas revueltas del patrioterismo españolista los votos que no puede conseguir por su buena administración. El otro, quiere jugar con las cartas marcadas: que le nombren honorable ganador antes de que los ciudadanos echen la primera papeleta en las urnas.
Las aguas de los patriotas siempre bajan revueltas…y, en ocasiones, turbias de sangre. Y, aunque es de suponer que aquí no llegará la sangre al rio, de lo que sí estoy seguro es que estos dos presidentes están dispuestos a lo que sea con tal de seguir siéndolo.
Todo, menos convocar con normalidad a los ciudadanos a unas elecciones democráticas para que elijan libremente a sus próximos gobernantes.

Sin aspavientos patrioteros, ni condiciones previas.